Una vez, hablando con Javi, me di cuenta de que puedo imaginar a mis hijos de grandes, y los veo como a dos personas que conozco.
Así que juguemos a la sobre etiquetación de las criaturas (lo que te enseñan a no hacer en el capítulo 1 del manual del buen padre/docente), y aseguremos que...
Genaro va a estar hiperconectado a cuanta red social y juego en red que pueda. Va a ahorrar para comprarse la última tecnología en consolas y computadoras, va a preferir su cuarto con sus cosas a cualquier lugar en el mundo. Va a ser amante de la comida chatarra, pero sus ganas de hacer algún deporte ocasional lo van a salvar del sobrepeso. Se va a enamorar de una chica y le va a ser fiel hasta el fin de los tiempos. Va a tener un talento o hobbie especial que no lo va a hacer ni rico ni famoso, pero va a ser algo que lleve con él siempre, su gran as bajo la manga. Va a estudiar algo relacionado con la tecnología o sus intereses, pero después se va a quedar con algún trabajo que no le demande demasiado tiempo y donde se sienta cómodo.
Victorio jamás va a tener Facebook, o lo que sea que exista en ese momento. No va a tener idea de qué pasa en la tele, pero cada tanto va a ir al cine a ver películas no taquilleras. No va a gastar en ropa ni en zapatos; cada centavo que ahorre va a ser destinado a seguir viajando. Se va a considerar a sí mismo 'ciudadano del mundo'. Va a estar con muchas chicas, se va a enamorar de una centroamericana con la que va a tener un hijo, pero después no va a funcionar, y es así como voy a terminar teniendo un nieto Hondureño o Panameño al que voy a ver por skype o su equivalente del futuro. No va hacer deportes, pero su medio de transporte oficial será su bicicleta. Va a ser vegano o algo más raro todavía, pero cuando vuelva a casa no va a poder resistirse al asado. Lo imagino con rastas, y la guitarra colgando todo el tiempo. Va a estudiar filosofía, psicología y astrología, todo al mismo tiempo y a los tumbos, y no va a terminar nada. Se va a unir a alguna comunidad hippie de auto-sustento o se va a juntar con alguna artesana que lo acompañe en sus viajes para vivir de la música y lo que vendan en las ferias.
Así de distintos los veo. Y también los veo viniendo a casa en Nochebuena; uno con rastas, otro con camisa, tratando de contagiarle su pasión al otro y fracasando estrepitosamente, pero abrazados, queriéndose, sintiendo todavía ese vínculo mágico e invisible que los une hoy. Pintan ser tan diferentes, pero espero que en lo de adentro, en lo importante, sigan siendo siempre iguales.