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martes, 25 de febrero de 2014

6 meses

Querido Vitto:
Anoche volvimos de un cumple, tarde, y te acosté en tu cuna, despierto. Llorisqueabas un poco pero te dejé igual, mientras preparaba las cosas para el día siguiente. Al ratito no te escuché más; creí que te habías dormido, pero de a ratitos se oía un gritito. Fui a la cuna y te vi: sentado, erguido, mirándome feliz y sonriente. Te habías sentado solo, por primera vez. No tengo idea de qué técnica usaste, ni de dónde te agarraste, ni cómo lo lograste. Solo sé que lo lograste, y con ese simple gesto pasaste una página más en la historia de nuestras vidas. Me seguís recordando a diario que el tiempo pasa rápido, que este bebito que ayer no se desplazaba, hoy se sienta y mañana estará corriendo, y, como dije varias veces, por primera vez no quiero poner fast-forward. Todos los que te rodean, incluyendo tu pediatra, pronostican que vas a estar gateando pronto, y caminando antes de cumplir un año. Y eso me encantaría, claro, pero no me desespera. Tu hermano me enseñó que está bueno respetar los tiempos de cada uno, que todo llega, y después todo pasa, así que mejor disfrutar lo que vivimos en cada momento.

Te escribo esto hoy porque presiento que no habrá demasiadas primeras veces que te pueda relatar con detalles y fechas, pero al menos te regalo esto: a los 6 meses y 5 días, pasaste de estar acostado a sentarte solo en tu cuna. Y me hiciste muy feliz.

Como con cada sonrisa sin dientes, cada nuevo descubrimiento y cada día de estos 6 meses que hace que nos conocemos. Gracias por venir a cerrar este círculo.

Te amo.


sábado, 1 de febrero de 2014

Mezclar colores

Querido Genaro:

Estas vacaciones, que de a poco se van terminando, han sido largas y particulares. Por primera vez ya no estuvimos solos en casa; ahora se nos sumó Victorio a quien hay que atender, divertir, cuidar y mimar mucho. Y vos fuiste tan paciente con tu hermano, tan comprensivo, tan generoso, que me hiciste estar orgullosa de vos todos los días.

No soy la mamá que siempre quise ser. Me sigue divirtiendo más estar en la compu que jugar a los autitos. Pero la ironía de todo esto es que gran parte del tiempo que paso en la compu, estoy buscando en blogs o en Pinterest ideas para hacer con vos, para jugar juntos y que crezcas feliz, mientras vos mirás la tele.

Por suerte, cada tanto la realidad me sacude y me doy cuenta de lo ridículo de la situación, y cierro la compu, apago la tele y nos ponemos a hacer cosas.

El otro gran problema que tenemos es mi inutilidad. No sé pintar, ni dibujar, ni modelar, ni coser, ni diseñar con bloques, ni nada remotamente creativo, pero bueno, a veces le pongo garra igual.

Por ejemplo el otro día, vos estabas durmiendo y de fondo había quedado Disney Junior. Empezó Art Attack y me enganché a mirarlo, y de repente me creí que yo también podría hacer la casita que estaban mostrando. Después de todo, pensé, se supone que son proyectos que pueden hacer los chicos solos.

Busqué una caja de zapatos tuya, te propuse la idea, y te encantó. Corté las puertas y ventanas, y te invité a que la pintáramos juntos. Elegiste pintarla de negro (la psicóloga que habita en mí no quiso hacer segundas lecturas para no volverme loca), y yo accedí, pero te impuse que a las puertas y ventanas las pintáramos de colores vivos para contrastar. Quedó bastante bien, pero era muy evidente de dónde había venido la idea.

Al otro día armamos el techo. Lo armé yo, en realidad, porque en cuanto quisiste pegar vos las partes y gastaste medio rollo de cinta de papel y te frustraste porque te pegoteabas todo, me enojé, te hablé mal, me arrepentí, me llené de culpa, y pegué las malditas piezas yo misma. Y de vuelta a pintar. Otra vez de negro, porque teníamos un pote enorme de ese color, y otra vez quise imponer que después le pintáramos líneas de colores vivos. Pero esta vez no me dejaste. Empezaste a agarrar todos los colores y los ibas poniendo en el platito, sin obedecer ninguna regla ni lógica, tomabas los pinceles y los metías en cualquier color e ibas pintando y la histérica en mí gritaba del horror. No había patrón, no había zonas delimitadas, era todo cualquier cosa.

Y ahí alguna otra voz me dijo "pará, loca, es una caja de zapatos y dos pedazos de cartón. Es para él, ¿por qué no lo dejás que lo haga como se le cante? En un mes, o menos, va a estar en la basura." Y me solté. Agarré mi propio pincel y empecé a copiar tu técnica. Y lo loco de todo esto es que el resultado me encantó. Me gustó mil veces más de lo que me hubiesen gustado mis torpes líneas o zonas delimitadas. Y lo mejor es que esto sí parecía obra tuya, porque lo era.




Geno, no dejes que nadie, nunca, te impida mezclar los colores. Seguí poniéndome límites, ayudame a tirar abajo mis preconceptos y mis ideas chiquitas y cuadradas, abrime la cabeza. Seguí mostrándome que mi manera de hacer las cosas no solo no es la única, sino que ni siquiera es la mejor. Seguí dándome estas lecciones de humildad inusuales y casuales. Superame en todo. Seguí encontrando tu propia manera de hacer las cosas, y te prometo que siempre te voy a apoyar, y a seguir adonde vayas.

Te ama,

Mamá.