El otro día descubrí, con horror, qué era lo que me estaba pasando: estaba ABURRIDA. Me costó identificarlo porque hacía tanto que no me pasaba, que ya no podía registrar el sentimiento.
Mis hijos jugaban entre ellos y no me necesitaban, la casa estaba en orden, ya había leído blogs y libros... básica e insólitamente, no tenía nada para hacer.
Pero más allá de ese momento, que no fue tan grave tampoco, cómo me gusta mi yo de vacaciones. Manejo, y camino, más lento, tengo segundos de sobra para todas esas pavadas que no me doy cuenta de hacer durante el año, como jugar a cambiar el estilo de caminata cuando vamos a algún lado, o contestar las 150 preguntas por minuto de mis hijos, con detalles y repreguntas disparadoras.
La semana pasada fuimos con Vito a pagar un multa. $1200 por mal estacionamiento. Yo creo que si me pasaba en mayo, desataba un día de furia, y una semana de malhumor. Pero me pasó en enero, distanciada de otras preocupaciones, relajada y con tiempo, y pude actuar en consecuencia. Pagué la multa en los 3 pasos que indica la burocracia, no perdí la paciencia, dejé que Vito apretara los botones del ascensor todas las veces, aunque tardara un poquito más que yo, y, ya que estábamos afuera de casa, llamé a mi hermana para ir a ver a mi sobrino un ratito. Estoy bastante segura de que mi yo del año lectivo no hubiera actuado así, ni cerca. Ahora el tema es ver como importar este yo-de-vacaciones al resto del año... por mi bien, y el de todos los que me rodean.
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lunes, 22 de enero de 2018
sábado, 1 de febrero de 2014
Mezclar colores
Querido Genaro:
Estas vacaciones, que de a poco se van terminando, han sido largas y particulares. Por primera vez ya no estuvimos solos en casa; ahora se nos sumó Victorio a quien hay que atender, divertir, cuidar y mimar mucho. Y vos fuiste tan paciente con tu hermano, tan comprensivo, tan generoso, que me hiciste estar orgullosa de vos todos los días.
No soy la mamá que siempre quise ser. Me sigue divirtiendo más estar en la compu que jugar a los autitos. Pero la ironía de todo esto es que gran parte del tiempo que paso en la compu, estoy buscando en blogs o en Pinterest ideas para hacer con vos, para jugar juntos y que crezcas feliz, mientras vos mirás la tele.
Por suerte, cada tanto la realidad me sacude y me doy cuenta de lo ridículo de la situación, y cierro la compu, apago la tele y nos ponemos a hacer cosas.
El otro gran problema que tenemos es mi inutilidad. No sé pintar, ni dibujar, ni modelar, ni coser, ni diseñar con bloques, ni nada remotamente creativo, pero bueno, a veces le pongo garra igual.
Por ejemplo el otro día, vos estabas durmiendo y de fondo había quedado Disney Junior. Empezó Art Attack y me enganché a mirarlo, y de repente me creí que yo también podría hacer la casita que estaban mostrando. Después de todo, pensé, se supone que son proyectos que pueden hacer los chicos solos.
Busqué una caja de zapatos tuya, te propuse la idea, y te encantó. Corté las puertas y ventanas, y te invité a que la pintáramos juntos. Elegiste pintarla de negro (la psicóloga que habita en mí no quiso hacer segundas lecturas para no volverme loca), y yo accedí, pero te impuse que a las puertas y ventanas las pintáramos de colores vivos para contrastar. Quedó bastante bien, pero era muy evidente de dónde había venido la idea.
Al otro día armamos el techo. Lo armé yo, en realidad, porque en cuanto quisiste pegar vos las partes y gastaste medio rollo de cinta de papel y te frustraste porque te pegoteabas todo, me enojé, te hablé mal, me arrepentí, me llené de culpa, y pegué las malditas piezas yo misma. Y de vuelta a pintar. Otra vez de negro, porque teníamos un pote enorme de ese color, y otra vez quise imponer que después le pintáramos líneas de colores vivos. Pero esta vez no me dejaste. Empezaste a agarrar todos los colores y los ibas poniendo en el platito, sin obedecer ninguna regla ni lógica, tomabas los pinceles y los metías en cualquier color e ibas pintando y la histérica en mí gritaba del horror. No había patrón, no había zonas delimitadas, era todo cualquier cosa.
Y ahí alguna otra voz me dijo "pará, loca, es una caja de zapatos y dos pedazos de cartón. Es para él, ¿por qué no lo dejás que lo haga como se le cante? En un mes, o menos, va a estar en la basura." Y me solté. Agarré mi propio pincel y empecé a copiar tu técnica. Y lo loco de todo esto es que el resultado me encantó. Me gustó mil veces más de lo que me hubiesen gustado mis torpes líneas o zonas delimitadas. Y lo mejor es que esto sí parecía obra tuya, porque lo era.
Geno, no dejes que nadie, nunca, te impida mezclar los colores. Seguí poniéndome límites, ayudame a tirar abajo mis preconceptos y mis ideas chiquitas y cuadradas, abrime la cabeza. Seguí mostrándome que mi manera de hacer las cosas no solo no es la única, sino que ni siquiera es la mejor. Seguí dándome estas lecciones de humildad inusuales y casuales. Superame en todo. Seguí encontrando tu propia manera de hacer las cosas, y te prometo que siempre te voy a apoyar, y a seguir adonde vayas.
Te ama,
Mamá.
Estas vacaciones, que de a poco se van terminando, han sido largas y particulares. Por primera vez ya no estuvimos solos en casa; ahora se nos sumó Victorio a quien hay que atender, divertir, cuidar y mimar mucho. Y vos fuiste tan paciente con tu hermano, tan comprensivo, tan generoso, que me hiciste estar orgullosa de vos todos los días.
No soy la mamá que siempre quise ser. Me sigue divirtiendo más estar en la compu que jugar a los autitos. Pero la ironía de todo esto es que gran parte del tiempo que paso en la compu, estoy buscando en blogs o en Pinterest ideas para hacer con vos, para jugar juntos y que crezcas feliz, mientras vos mirás la tele.
Por suerte, cada tanto la realidad me sacude y me doy cuenta de lo ridículo de la situación, y cierro la compu, apago la tele y nos ponemos a hacer cosas.
El otro gran problema que tenemos es mi inutilidad. No sé pintar, ni dibujar, ni modelar, ni coser, ni diseñar con bloques, ni nada remotamente creativo, pero bueno, a veces le pongo garra igual.
Por ejemplo el otro día, vos estabas durmiendo y de fondo había quedado Disney Junior. Empezó Art Attack y me enganché a mirarlo, y de repente me creí que yo también podría hacer la casita que estaban mostrando. Después de todo, pensé, se supone que son proyectos que pueden hacer los chicos solos.
Busqué una caja de zapatos tuya, te propuse la idea, y te encantó. Corté las puertas y ventanas, y te invité a que la pintáramos juntos. Elegiste pintarla de negro (la psicóloga que habita en mí no quiso hacer segundas lecturas para no volverme loca), y yo accedí, pero te impuse que a las puertas y ventanas las pintáramos de colores vivos para contrastar. Quedó bastante bien, pero era muy evidente de dónde había venido la idea.
Al otro día armamos el techo. Lo armé yo, en realidad, porque en cuanto quisiste pegar vos las partes y gastaste medio rollo de cinta de papel y te frustraste porque te pegoteabas todo, me enojé, te hablé mal, me arrepentí, me llené de culpa, y pegué las malditas piezas yo misma. Y de vuelta a pintar. Otra vez de negro, porque teníamos un pote enorme de ese color, y otra vez quise imponer que después le pintáramos líneas de colores vivos. Pero esta vez no me dejaste. Empezaste a agarrar todos los colores y los ibas poniendo en el platito, sin obedecer ninguna regla ni lógica, tomabas los pinceles y los metías en cualquier color e ibas pintando y la histérica en mí gritaba del horror. No había patrón, no había zonas delimitadas, era todo cualquier cosa.
Y ahí alguna otra voz me dijo "pará, loca, es una caja de zapatos y dos pedazos de cartón. Es para él, ¿por qué no lo dejás que lo haga como se le cante? En un mes, o menos, va a estar en la basura." Y me solté. Agarré mi propio pincel y empecé a copiar tu técnica. Y lo loco de todo esto es que el resultado me encantó. Me gustó mil veces más de lo que me hubiesen gustado mis torpes líneas o zonas delimitadas. Y lo mejor es que esto sí parecía obra tuya, porque lo era.
Geno, no dejes que nadie, nunca, te impida mezclar los colores. Seguí poniéndome límites, ayudame a tirar abajo mis preconceptos y mis ideas chiquitas y cuadradas, abrime la cabeza. Seguí mostrándome que mi manera de hacer las cosas no solo no es la única, sino que ni siquiera es la mejor. Seguí dándome estas lecciones de humildad inusuales y casuales. Superame en todo. Seguí encontrando tu propia manera de hacer las cosas, y te prometo que siempre te voy a apoyar, y a seguir adonde vayas.
Te ama,
Mamá.
domingo, 12 de enero de 2014
Tiempo de quilombo
Anoche salimos a comer con mi ahijada y sus padres. Miren qué detalle, antes hubiese dicho que salí con mi amiga, su marido y su hija de 1 año y medio, pero claro, las cosas cambian, y los chicos cada vez son más el centro de todo lo que hacemos. 3 niños sub 4, 4 adultos, y creo que hubieron 3 gloriosos minutos donde estuvimos los 7 sentados a la mesa, hablando de cosas que nos interesaban de acuerdo a nuestra edad y sexo. Recurrimos a las tablets sin miramientos para entretener a Geno y Feli, pero hasta eso duró poquísimo. Había que levantarse, explorar, jugar con los juguetes que ofrecía el lugar, pelearse un poco, ir al baño, tomar mamaderas... Fue agotador. Pero agotador bien, una experiencia que nos muestra claramente cómo y cuánto han cambiado nuestras vidas, nuestros temas de conversación, nuestra dinámica a la hora de salir a comer.
Sé que vendrán tiempos mejores, o peores, según cómo lo veamos, cuando volvamos a ser 4 adultos rogando por que algún hijo adolescente nos dé la suficiente bola como para querer salir a comer con nosotros. Eso también va a llegar, me imagino.
Ahora es tiempo de quilombo, de poner el cuerpo, de salir con 350 cosas por la dudas, de aceptar que pasar la velada sentados y charlando cómodamente es imposible si lo tomamos como salida familiar. Y a veces cansa, sí, pero ahora es el momento de vivirlo.
Sé que vendrán tiempos mejores, o peores, según cómo lo veamos, cuando volvamos a ser 4 adultos rogando por que algún hijo adolescente nos dé la suficiente bola como para querer salir a comer con nosotros. Eso también va a llegar, me imagino.
Ahora es tiempo de quilombo, de poner el cuerpo, de salir con 350 cosas por la dudas, de aceptar que pasar la velada sentados y charlando cómodamente es imposible si lo tomamos como salida familiar. Y a veces cansa, sí, pero ahora es el momento de vivirlo.
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En otro orden de cosas, ayer, con la vuelta de las vacaciones, comenzó la Operación Cuarto Compartido, es decir, pasamos a Vitto a su cuna en el cuarto que compartirá con su hermano. Como ayer anduvo con e sueño bastante cambiado por el viaje y eso, al final se quedó dormido recién cerca de la 1 (tardísimo para él), a upa mío, mientras yo miraba una película. Lo pasé a la cuna temiendo estar comenzando un ir y venir mil veces, pero recién se despertó a las 5, tomó una mamadera (en mi cama), y se volvió a dormir, por lo que lo volví a pasar. Se volvió a despertar 8:15, lo traje a mi cama, el papá le hizo una toma de catch y durmieron abrazados una hora más. Excelente comienzo, sobre todo porque Geno jamás se enteró de nada esto, durmió todo el tiempo, y todos contentos.
Feliz domingo para todas!
lunes, 6 de enero de 2014
Random things que voy descubriendo en las vacaciones
1. El por qué las mujeres encontramos las cosas que los hombres no: ellos van, 'buscan', "sienten el aura de los objetos", como dice @cuestiondefer en +Canchero, 10 segundos, 20 si es algo que les interesa realmente, y dictaminan: "acá no está". Las mujeres vamos y hasta que no lo encontramos, no paramos de buscar. Fin.
2. A 30 páginas de terminar el libro de @segunroxi, todavía no entiendo bien qué carajo es ser progre, pero me queda bastante claro que yo no lo soy.
3. Algo horrible y espantoso: me molesta ver a mi marido no haciendo nada. Esto es algo que tengo que cambiar, especialmente por lo mucho que me gusta a mí no hacer nada y lo poco que él me rompe las bolas a mí.
4. Nunca es buena idea dejar a la mitad un tratamiento odontológico.
5. Sigue sin gustarme la idea de los regalos de Papá Noel y Reyes Magos.
6. La relación entre Genaro y Victorio hasta ahora fue una muestra gratis, falta mucho para que ambos sepan realmente de qué va tener un hermano.
7. Ya puedo reconocer lo que me decían todos: Victorio desea la comida que comemos, o que al menos le causa muchísima curiosidad, y que Genaro es su ídolo absoluto máximo sobre el planeta Tierra.
8. Lamentablemente, mis épicos arranques de mal humor adolescente no quedaron atrás para siempre.
9. Dedicar 15-20 minutos a desarmar las valijas en cuanto llegás al lugar donde te vas a quedar unos días te organiza toda la estadía.
10. Viajar con un bebé ahora me da mucho menos miedo y embole que hace 3 años. Javi y yo hacemos cada vez mejor equipo.
2. A 30 páginas de terminar el libro de @segunroxi, todavía no entiendo bien qué carajo es ser progre, pero me queda bastante claro que yo no lo soy.
3. Algo horrible y espantoso: me molesta ver a mi marido no haciendo nada. Esto es algo que tengo que cambiar, especialmente por lo mucho que me gusta a mí no hacer nada y lo poco que él me rompe las bolas a mí.
4. Nunca es buena idea dejar a la mitad un tratamiento odontológico.
5. Sigue sin gustarme la idea de los regalos de Papá Noel y Reyes Magos.
6. La relación entre Genaro y Victorio hasta ahora fue una muestra gratis, falta mucho para que ambos sepan realmente de qué va tener un hermano.
7. Ya puedo reconocer lo que me decían todos: Victorio desea la comida que comemos, o que al menos le causa muchísima curiosidad, y que Genaro es su ídolo absoluto máximo sobre el planeta Tierra.
8. Lamentablemente, mis épicos arranques de mal humor adolescente no quedaron atrás para siempre.
9. Dedicar 15-20 minutos a desarmar las valijas en cuanto llegás al lugar donde te vas a quedar unos días te organiza toda la estadía.
10. Viajar con un bebé ahora me da mucho menos miedo y embole que hace 3 años. Javi y yo hacemos cada vez mejor equipo.
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