Por esas cosas de la vida, del pueblo chico y de Tinder que me encantan, mi mejoramiga de la facultad se casó con el primo de uno de los amigos de Javi, que también resultó ser compañero mío de jardín de infantes. Cuestión, que anoche se armó un lindo grupo humano, la pasamos genial en una cena, y como souvenir de la noche, me traje varias listas de Spotify, porque el primo en cuestión es también DJ y conoce muuuuuucha música de ahora pero sobre todo muuuuuuchas versiones de música de antes, my fave. Esto hizo que después de varios días, volviera a conectarme con la música, explorando estas listas y agregando temas a las mías.
Desde hace más de un año, los chicos tienen sus propias listas. Me acuerdo que cuando Genaro era chico, cerca de su tercer cumple, pedía cualquier cosa, real o imaginaria, para que se agregara a su lista de regalos. Ahora pasa algo parecido. Tan lejos de mi infancia/preadolescencia con la FM Hit y el cassette para grabar las canciones de la radio, ahora mis hijos disfrutan de esta maravilla del escucho/me gusta/quiero/va a mi lista.
Al día de hoy, sus listas se ven así:
VITO:
La primera es la que inició todo. Estábamos yendo a festejar Halloween a lo de mi cuñada, Vito disfrazado de Pikachu y Geno de Ash Ketchum, en el 2016. Vito no entendía mucho de qué venía la cosa, pero pusimos "This Is Halloween" en el auto a todo volumen, y algo hizo click adentro de él. Fue la primera vez que asoció una canción a un momento feliz, y a partir de ahí, la quería escuchar siempre... De ahí creció su amor por All Things Halloween, que vendrá en otro post. Después vemos canciones que escuchó de casualidad, en laradio o porque yo las estaba escuchando, le gustaron y pidió, como Get Lucky, Don, Sueños, Obsesión o El Dinero No Es Todo (!!!). También tenemos algunas más infantiles (?) que trajo del jardín, como Duerme Negrito (que dijo que se la había enseñado "el musiquito", más conocido como el profesor de música, en sala de 2), El Mamboretá, Banana Song, o Rain Rain Go Away. También hay algunas heredadas del hermano o del contexto de música de moda, como Despacito o Súbeme la Radio, o de películas, como Cuán Lejos Voy o Logo Te Pate, que son de Moana.
Las otras dos que tienen historia propia son Gangnam Style, y Don't Stop Til You Get Enough. A la primera la agregó a su lista porque el primo y el hermano festejaban cualquier cosa con "Eeeeeeeehhh chu-chu lei-diii!" (que vendría a ser el "Eyyy, Sexy Lady!" de la canción). Un día estábamos yendo a uno de los primeros cumples de amiguitos propios que tuvo, y sonó esa canción. Él lo interpretó como un festejo por estar yendo a un evento social, y a partir de ahi, la pide cada vez que vamos a un cumple. A la de Michael Jackson la puse yo un día, porque me copa, y cuando miré para atrás en el auto Vito estaba haciendo una complicada coreografía con las manos, completamente en trance. A los pocos días, cuando pusimos música, sin dudarlo pidió la canción "que hace bailar a mis manitos". Ah no no casi muero de amor.
GENO:
La lista del 'preadolescente', como le decimos, es mucho más 'cool', con canciones más conocidas y menos random que la de Vito, pero también tiene algunas 'excentricidades', como Burn, o la versión de Regina Spektor de "While My Guitar Gently Weeps", que yo amoamoamo. Sobreviven todavía algunas cosas 'de su infancia', como la de Pokemon o Watch Me, pero presiento que se irán bastante pronto. Las de Ancud son de la banda de German Garmendia, el YouTuber idolatrado en esta casa, y fueron las primeras canciones que conocí gracias y a través de Geno, y para mi sorpresa y alivio, me gustaron, espcialmente "Se Hacen Realidad".
En cuanto a mí, puedo decir que las playlists más escuchadas son 'Just Chillin'', 'De esas que te gustan porque sí', y 'Sing Out Loud'; que por supuesto tengo carpetas especiales para Alanis y The Beatles, y que escucho cada vez menos la carpeta '2000's', lo cual habla MUY BIEN de mí. Ahora con esto de las playlists públicas de otros estoy descubriendo música nueva y eso me copa, porque no quiero seguir escuchando lo mismo toda la vida, por más que ciertos temas muy embebidos en lo más profundo, por razones que explica Pictoline:
Por esto, voy a confesar que hay altísimas probabilidades de terminar llorando si escucho Shiver de Coldplay (o Timber, de Kesha, pero por motivos completamente distintos). Ah, también hay otra sub-categoría secreta de música, perteneciente a un período post-adolescente altamente olvidable, que sencillamente NO PUEDO escuchar, ´porque me vuelven los pensamientos suicidas-homicidas del momento. FUERTE. A los pocos días de un episodio conectado a esto en casa (nada tan violento, no teman), con Javi empezamos a ver The Sinner, y WHOA. Nada, una boludez. No voy a andar matando gente random en la playa, por más La Vela Puerca o NTVG que suene, don't worry, pero que se me van a erizar los pelos de la nuca como un gato listo para la batalla, y que voy a buscar pelea de la nada misma, don't you doubt it.
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viernes, 19 de enero de 2018
jueves, 18 de enero de 2018
La separación
Cuando ampliamos la casa, uno de los principales objetivos era construir un cuarto más, para que en algún futuro lejano, cuando los chicos quisieran separarse, pudieran hacerlo. Por esas cosas que dan las Universidades, los arquitectos encontraron la manera de meter, en el reducidísimo espacio que teníamos disponible, no solo todo lo que pedíamos, sino también un cuarto extra, que en esta casa pasó a llamarse 'Cuarto de juegos', o, extraoficialmente, 'Museo del Juguete', porque estaba lleno de cosas que jamás se usaban. Como no había interés alguno por separarse, y como el cuarto que nos correspondería a Javi y a mí está arriba y aún no me animo a dejar a los chicos 'solos' abajo, yo pasito a pasito suave-suavecito me fui armando un escritorio arriba, y ahora medio que no lo quiero dejar ni en pedo, pero esa es otra historia.
El tema que nos convoca hoy es que hace unos meses, de la nada misma, Genaro me preguntó, como quien no quiere la cosa, cuánto faltaba para que él pudiera tener su propio cuarto. Digo que fue de la nada porque hasta ese momento JAMÁS se había tocado el tema; ellos no peleaban por cuestiones territoriales ni había problemas de espacio. Le contesté que todavía faltaba bastante, como armar el sector de vestidor de arriba, y sobre todo, esperar a que pasara la etapa donde casi todas las noches tengo niños amaneciendo en colchones al lado de mi cama. Lo entendió, pero un poco desilusionado me dijo "Ah... entonces falta mucho..." También de la nada, le sugerí que durmiera esa noche en el 'cuarto de juegos', a ver cómo se sentía. Le encantó la idea, y la noche fue un éxito. Así que así como así, se dio un divorcio amigable que jamás me vi venir. Dividieron sus pertenencias/juguetes, pasamos la ropa de Geno a su nuevo cuarto, y establecimos algunas reglas básicas, como el uso de la Play, que quedó dentro del sector Genaro pero es estrictamente de uso público. Todas las partes conformes, pasamos a la nueva etapa en esta casa, donde cada uno tiene un espacio personal que lo hace feliz: los chicos sus cuartos, yo el escritorio, y Javi.... bueno Javi no tiene UN espacio, OK, pero él es un ser de luz que puede brillar en cualquier lado, tomá.
De todos modos, cuando digo que los chicos duermen solos, no es exactamente así. Un tiempo antes de la separación (quizás anticipándose sin saberlo a ella), Genaro decidió que quería empezar a dormir con el león que le regalaron mis suegros cuando nació y que lo acompañó en cada sesión de fotos semanal hasta que cumplió un año. Le puso Llama, y después Rayo, y cumplió con no dejarlo nunca más. Por supuesto, como buen hermano menor, Vito instantáneamente decidió hacer lo mismo. Por suerte, mi amiga Toi me había tenido un poco de fe en su momento, y le compró a Vito un oso para hacer lo mismo que con Geno. Las sesiones de fotos llegaron hasta la semana 5 (I KNOW), pero el oso, que es lo que importa, quedó. Le puso Flamileón, y, con menos garra que el hermano, es cierto, pero con decisión, lo transformó en su compañero de todas las noches. No voy a decir que tienen objeto acompañante, como siempre quise que tuvieran, pero no están tan lejos.
Ayer, después de tirar un par de colchones en el cuarto de Vito para jugar a la lucha, decidieron hacer 'pyjamada'. Era todo una vil excusa para usar la tablet en la cama (lo cual es un big no-no en esta casa), pero me pareció tierna la idea, y los dejé. Para cuando llegó la hora, Genaro ya estaba cansado y solo quería dormir, Vito no tenía buena señal en la cama y se frustraba, y yo solo quería terminar de ver una película que había empezado la semana anterior, pero bueno. La intención era buena...
El tema que nos convoca hoy es que hace unos meses, de la nada misma, Genaro me preguntó, como quien no quiere la cosa, cuánto faltaba para que él pudiera tener su propio cuarto. Digo que fue de la nada porque hasta ese momento JAMÁS se había tocado el tema; ellos no peleaban por cuestiones territoriales ni había problemas de espacio. Le contesté que todavía faltaba bastante, como armar el sector de vestidor de arriba, y sobre todo, esperar a que pasara la etapa donde casi todas las noches tengo niños amaneciendo en colchones al lado de mi cama. Lo entendió, pero un poco desilusionado me dijo "Ah... entonces falta mucho..." También de la nada, le sugerí que durmiera esa noche en el 'cuarto de juegos', a ver cómo se sentía. Le encantó la idea, y la noche fue un éxito. Así que así como así, se dio un divorcio amigable que jamás me vi venir. Dividieron sus pertenencias/juguetes, pasamos la ropa de Geno a su nuevo cuarto, y establecimos algunas reglas básicas, como el uso de la Play, que quedó dentro del sector Genaro pero es estrictamente de uso público. Todas las partes conformes, pasamos a la nueva etapa en esta casa, donde cada uno tiene un espacio personal que lo hace feliz: los chicos sus cuartos, yo el escritorio, y Javi.... bueno Javi no tiene UN espacio, OK, pero él es un ser de luz que puede brillar en cualquier lado, tomá.
De todos modos, cuando digo que los chicos duermen solos, no es exactamente así. Un tiempo antes de la separación (quizás anticipándose sin saberlo a ella), Genaro decidió que quería empezar a dormir con el león que le regalaron mis suegros cuando nació y que lo acompañó en cada sesión de fotos semanal hasta que cumplió un año. Le puso Llama, y después Rayo, y cumplió con no dejarlo nunca más. Por supuesto, como buen hermano menor, Vito instantáneamente decidió hacer lo mismo. Por suerte, mi amiga Toi me había tenido un poco de fe en su momento, y le compró a Vito un oso para hacer lo mismo que con Geno. Las sesiones de fotos llegaron hasta la semana 5 (I KNOW), pero el oso, que es lo que importa, quedó. Le puso Flamileón, y, con menos garra que el hermano, es cierto, pero con decisión, lo transformó en su compañero de todas las noches. No voy a decir que tienen objeto acompañante, como siempre quise que tuvieran, pero no están tan lejos.
Ayer, después de tirar un par de colchones en el cuarto de Vito para jugar a la lucha, decidieron hacer 'pyjamada'. Era todo una vil excusa para usar la tablet en la cama (lo cual es un big no-no en esta casa), pero me pareció tierna la idea, y los dejé. Para cuando llegó la hora, Genaro ya estaba cansado y solo quería dormir, Vito no tenía buena señal en la cama y se frustraba, y yo solo quería terminar de ver una película que había empezado la semana anterior, pero bueno. La intención era buena...
miércoles, 17 de enero de 2018
Elecciones
El otro día, Javi me contaba que en una nota, la responsable de Transur (empresa de recolección de residuos) le explicaba que ellos tenían una idea de cómo iba el país, económicamente hablando digamos, por la cantidad de residuos que juntaban. Nos pareció una idea absolutamente lógica. Varias veces me encontré con esta idea de cuánto dice de una familia lo que saca como basura; y me parece muy interesante (no sé exactamente por qué, jaja).
En el otro extremo de la cuestión, creo que también está bueno dejar asentado, como una foto de este momento de sus vidas, qué eligieron hoy mis hijos cuando fuimos a comprar cosas para ellos al mayorista de galletitas y golosinas:
GENARO:
-Caja de paquetes de gomitas.
-Bizcochos de grasa Don Satur.
-Criollitas.
-2 budines de vainilla.
-Oreos.
-Galles Club Social sabor original.
VITO:
-Saladix de Jamón.
-Club Social sabor original.
Pidieron cajas de Paragüitas y de Huevos Kinder, pero supieron entender cuando les dije q no, que eran carísimos, y que en verano el chocolate ni daba. No les interesan los caramelos, los chupetines, los alfajores ni chocolatines. Genaro hubiera comprado marshmellows, pero no había... y yo me hubiese comprado Sugus confitados, Shots, Skittles, alfajores, conitos.. pero fui fuerte y dije NO.
El hacer estas compras casi mensuales me soluciona el tema de los recreos de Geno, (o ahora en verano, de sus snacks para la colonia), porque él se autogestiona qué quiere llevar cada día y no tenemos que andar negociando plata para el kiosko... Y además, me hace sentir super eficiente y organizada!
En el otro extremo de la cuestión, creo que también está bueno dejar asentado, como una foto de este momento de sus vidas, qué eligieron hoy mis hijos cuando fuimos a comprar cosas para ellos al mayorista de galletitas y golosinas:
GENARO:
-Caja de paquetes de gomitas.
-Bizcochos de grasa Don Satur.
-Criollitas.
-2 budines de vainilla.
-Oreos.
-Galles Club Social sabor original.
VITO:
-Saladix de Jamón.
-Club Social sabor original.
Pidieron cajas de Paragüitas y de Huevos Kinder, pero supieron entender cuando les dije q no, que eran carísimos, y que en verano el chocolate ni daba. No les interesan los caramelos, los chupetines, los alfajores ni chocolatines. Genaro hubiera comprado marshmellows, pero no había... y yo me hubiese comprado Sugus confitados, Shots, Skittles, alfajores, conitos.. pero fui fuerte y dije NO.
El hacer estas compras casi mensuales me soluciona el tema de los recreos de Geno, (o ahora en verano, de sus snacks para la colonia), porque él se autogestiona qué quiere llevar cada día y no tenemos que andar negociando plata para el kiosko... Y además, me hace sentir super eficiente y organizada!
martes, 16 de enero de 2018
Cosas que dicen (II)
*Hace un tiempo, Vito salió del baño con cara de concentrado y muy serio me preguntó: "Mamá... la casa de la caca... ¿es la cola, o el inodoro?" Para reflexionar... (En preguntas como estas, trato de no darles una respuesta, sino retrucarles con el "¿y vos qué pensás?" para no empezar discusiones ridículas!)
*Genaro, ahora Youtuber (?), cada vez copia más cosas que escucha en videos... alguna mala palabra en inglés, por ejemplo, que rápidamente se debe discutir y eliminar del vocabulario familiar... pero en su mayoría son palabras bastante útiles. Una vez, mientras yo estaba ensimismada en la compu (trabajando, seguramente!), escuché a Genaro gritar "Dejá de arruinar mis momentos felices!" En seguida me puse alerta, en modo mami-evita-peleas, hasta que descubrí que Geno estaba simplemente jugando a la Play... con el padre! Y le estaban bloqueando todos los ataques. En fin...
*La última. Anoche, mientras Genaro le leía un cuento a Vito (cada tanto hacen eso; con los libros que tienen dibujitos reemplazando alguna palabra, Genaro lee las letras y Vito interpreta los dibujos. Es muy tierno y muero de amor, but I digress), encontraron una ilustración que Vito no conocía. Él decía tren, pero Geno sabía que esa no era la palabra... Entonces me gritó "Mamá, la parte de adelante de un tren es la vagoneta, ¿no?"
viernes, 12 de enero de 2018
Genaro hoy
Hoy leí esto y me encantó. Más que eso, me inspiró a hacer lo mismo con mis hijos:
5 COSAS QUE ME ENCANTAN DE GENARO (7 años y 4 meses)
1. Su talento natural para ser un hermano -y ahora un primo- mayor increíble. Cuando él nació, era el único nieto en mi familia, pero el número 13 en la de Javi. Por lo tanto, el rol del más chiquito lo tenía super bien asimilado. Con la llegada de Vito, y el año pasado de Manuel, mi sobrino, él pasó a ser el ídolo, el referente, el buscado y admirado. Y qué bien se la banca. Es paciente, cariñoso, generoso, comprensivo, dulce. Es todo lo que sus adorados primos Lola y Tommy fueron siempre con él, y por haber sido esa clase de referentes, siempre les voy a estar agradecida.
2. Algo que casi se relaciona con ser un buen hermano mayor, pero en realidad no: cuando empezó la fiebre de los Fidget Spinners, ellos ya tenían uno que les había traído el tío de USA, pero Vito no podía usarlo porque le quedaba muy grande para su mano. Por eso, cuando vi unos más chiquitos, le compré uno, y ya que estaba, otro más común a Geno. A la tarde, Vito salía una hora antes del cole que Geno, por lo que vio su sorpresa primero. Estaba fascinado, al punto que cuando llegó el hermano, salió a la puerta con spinner en mano al grito de "miráaaa lo que me regaló mamáaaa!" Genaro soltó la mochila, abrazó al hermano, se interesó por el spinner, le dijo que estaba buenísimo que fuera adecuado a su tamaño, lo felicitó, y entró. Me contó un poco de su día y se puso a tomar la merienda. Yo no lo podía creer. En ningún momento preguntó, se quejó, sugirió o demandó un spinner para él. Cuando le di la bolsa con el suyo, y lo vio, se le iluminó la cara y preguntó "¿Qué? ¿¿¿¿Para mí también hay????" Su selflessness me dejó maravillada. Le había alcanzado con la felicidad del hermano. De ninguna manera sentía que a él se le debiera nada, no necesitaba nada ni pensaba reclamarlo. Cuando fui, como en un trance, a contarle toda la situación a mí mamá, ella supo resumirme todo en una frase: "¿Y te sorprende? ¿No viste que es igual a Javi?" Y es cierto. Por más que a mí me parezca una actitud altruista, abnegada, casi superhumana e inalcanzable, es exactamente lo que haría, y de hecho ha hecho, Javi, en incontables ocasiones. En su momento me preocupé no estar arruinando algo de esa abnegación al efectivamente darle el spinner, como sembrando la semilla del "ojo que si hay para tu hermano, tiene que haber para vos", pero esa reflexión de mi mamá me hizo dar cuenta que Javi había plantado una semilla mucho más fuerte, mucho antes.
3. Lo bien que lleva su daltonismo, su forma de anunciarlo, reconocerlo y tratarlo simplemente como lo que es, ni más ni menos. Me ha contado que sus compañeros -y hasta un día su maestra- le hacen 'pruebas', como tantas veces he hecho con mi pobre padre. Estaba a punto de indignarme, pero vi que me lo contaba sin angustia, bronca o vergüenza. Le hacen pruebas de colores, después saltan a la soga, o se compran una Coca. No big deal. Una sola vez me dijo, con tristeza "Me parece que no me gusta tanto ser daltónico..." Fue hace poco, el 30 de diciembre, cuando finalmente le teñí el pelo de rojo, como habíamos quedado. Él soñaba con un rojo fuego; le quedó muy parecido a Ron Weasly, el amigo de Harry Potter, es decir, un colorado natural, pero bien evidente. Yo lo miraba y no lo podía creer; él lo miraba y, simplemente, no lo podia ver. De hecho, sentía que lo estábamos cargando, que complotábamos en su contra. Sí podía ver los mechones azules en la cabeza de Vito, pero en él no veía cambios. Cuando llegó mi papá, se sorpendió con los pelos de Vito, y le preguntó a Geno si él no había querido teñirse. Listo, confirmado. El daltonismo no los dejaba distinguir el colorado del pelo natural de Geno, que es castaño claro. Flash. Cuando se le fue el color rojo, Genaro pidió el azul, que es bien evidente y que sí puede ver con claridad.
4. Su absoluto, pero no sofocante, sentido de la responsabilidad. Desde el día 2 de primer grado, Genaro se armó su propia mochila, con los cuadernos, libros y materiales especiales que tenía que llevar cada día. Hicimos un cronograma semanal que pegó en su escritorio y usó como referencia (el hecho de que entrara a primer grado leyendo fluidamente nos facilitó mucho las cosas en este sentido). Hizo la tarea mayormente solo, y mayormente sin quejas ni comentarios. Quiso ir todos los días al colegio, todos-todos, aunque tenía una posibilidad que no había tenido nunca, la de faltar porque sí, porque ahora mi mamá lo podía cuidar a la tarde. En un momento llegué a preocuparme un poco, porque se negó a faltar para ir al cine con su abuela, a ver una película que solo pasaban en horario escolar, y a faltar el día del cumple del hermano, aunque sí aceptó la idea de salir antes, a la hora de la fiesta. Por suerte, cuando llegó octubre y el festejo del Día de la Familia en el jardín de Vito, Genaro, ya cambiado con su uniforme, a último momento dijo "Bueno, no, mejor sí quiero ir al jardín con Vito". Se cambió de nuevo, y allá fue, a jugar toda la tarde con su papá y su hermano. Fue una tranquilidad para mí, ver que podía seguir priorizando lo más importante, y que se pudiera dar cuenta que nada iba a cambiar por faltar un día al colegio. Ahora, en época de colonia, todos los días le pregunto "¿Querés quedarte en casa hoy?" cuando le cuesta levantarse. "No, prefiero ir a la colonia", dice, y amanece con una sonrisa, a armarse la mochila.
5. Su relación conmigo. Mucha gente me dice, y yo coincido, que Genaro es muy parecido a mí en su personalidad (con excepciones, claro; véase el punto 2 de este post). Eso no necesariamente significa que nos tenemos que llevar bien, pero de alguna manera, funcionamos armónicamente como madre e hijo. Tenemos un pacto donde él hace cosas por mí, y por él mismo, como lavar su ropa, y yo hago cosas por él, como comprarle Los Sims para jugar juntos, o llevarlo adonde me pida. Todas las noches leemos en su cama, un párrafo cada uno, y ese es uno de mis momentos preferidos del día. Ahora, en verano, a mí me cuesta muchísimo el contacto físico, porque el calor me anula, y él lo entiende perfectamente, evitando tocarme los días de calor, cosa que me genera una enorme culpa, sí, pero también un gran agradecimiento.
Genaro es lo máximo, es un placer ser su mamá y estar con él todos los días. Amo verlo crecer, aprender cosas que yo no le enseño ni le podría enseñar, perseverar, y conocerse aún más. Esta lista podría tener 50 items en vez de 5, pero vamos por partes.
Mañana, la edición de Victorio.
5 COSAS QUE ME ENCANTAN DE GENARO (7 años y 4 meses)
1. Su talento natural para ser un hermano -y ahora un primo- mayor increíble. Cuando él nació, era el único nieto en mi familia, pero el número 13 en la de Javi. Por lo tanto, el rol del más chiquito lo tenía super bien asimilado. Con la llegada de Vito, y el año pasado de Manuel, mi sobrino, él pasó a ser el ídolo, el referente, el buscado y admirado. Y qué bien se la banca. Es paciente, cariñoso, generoso, comprensivo, dulce. Es todo lo que sus adorados primos Lola y Tommy fueron siempre con él, y por haber sido esa clase de referentes, siempre les voy a estar agradecida.
2. Algo que casi se relaciona con ser un buen hermano mayor, pero en realidad no: cuando empezó la fiebre de los Fidget Spinners, ellos ya tenían uno que les había traído el tío de USA, pero Vito no podía usarlo porque le quedaba muy grande para su mano. Por eso, cuando vi unos más chiquitos, le compré uno, y ya que estaba, otro más común a Geno. A la tarde, Vito salía una hora antes del cole que Geno, por lo que vio su sorpresa primero. Estaba fascinado, al punto que cuando llegó el hermano, salió a la puerta con spinner en mano al grito de "miráaaa lo que me regaló mamáaaa!" Genaro soltó la mochila, abrazó al hermano, se interesó por el spinner, le dijo que estaba buenísimo que fuera adecuado a su tamaño, lo felicitó, y entró. Me contó un poco de su día y se puso a tomar la merienda. Yo no lo podía creer. En ningún momento preguntó, se quejó, sugirió o demandó un spinner para él. Cuando le di la bolsa con el suyo, y lo vio, se le iluminó la cara y preguntó "¿Qué? ¿¿¿¿Para mí también hay????" Su selflessness me dejó maravillada. Le había alcanzado con la felicidad del hermano. De ninguna manera sentía que a él se le debiera nada, no necesitaba nada ni pensaba reclamarlo. Cuando fui, como en un trance, a contarle toda la situación a mí mamá, ella supo resumirme todo en una frase: "¿Y te sorprende? ¿No viste que es igual a Javi?" Y es cierto. Por más que a mí me parezca una actitud altruista, abnegada, casi superhumana e inalcanzable, es exactamente lo que haría, y de hecho ha hecho, Javi, en incontables ocasiones. En su momento me preocupé no estar arruinando algo de esa abnegación al efectivamente darle el spinner, como sembrando la semilla del "ojo que si hay para tu hermano, tiene que haber para vos", pero esa reflexión de mi mamá me hizo dar cuenta que Javi había plantado una semilla mucho más fuerte, mucho antes.
3. Lo bien que lleva su daltonismo, su forma de anunciarlo, reconocerlo y tratarlo simplemente como lo que es, ni más ni menos. Me ha contado que sus compañeros -y hasta un día su maestra- le hacen 'pruebas', como tantas veces he hecho con mi pobre padre. Estaba a punto de indignarme, pero vi que me lo contaba sin angustia, bronca o vergüenza. Le hacen pruebas de colores, después saltan a la soga, o se compran una Coca. No big deal. Una sola vez me dijo, con tristeza "Me parece que no me gusta tanto ser daltónico..." Fue hace poco, el 30 de diciembre, cuando finalmente le teñí el pelo de rojo, como habíamos quedado. Él soñaba con un rojo fuego; le quedó muy parecido a Ron Weasly, el amigo de Harry Potter, es decir, un colorado natural, pero bien evidente. Yo lo miraba y no lo podía creer; él lo miraba y, simplemente, no lo podia ver. De hecho, sentía que lo estábamos cargando, que complotábamos en su contra. Sí podía ver los mechones azules en la cabeza de Vito, pero en él no veía cambios. Cuando llegó mi papá, se sorpendió con los pelos de Vito, y le preguntó a Geno si él no había querido teñirse. Listo, confirmado. El daltonismo no los dejaba distinguir el colorado del pelo natural de Geno, que es castaño claro. Flash. Cuando se le fue el color rojo, Genaro pidió el azul, que es bien evidente y que sí puede ver con claridad.
4. Su absoluto, pero no sofocante, sentido de la responsabilidad. Desde el día 2 de primer grado, Genaro se armó su propia mochila, con los cuadernos, libros y materiales especiales que tenía que llevar cada día. Hicimos un cronograma semanal que pegó en su escritorio y usó como referencia (el hecho de que entrara a primer grado leyendo fluidamente nos facilitó mucho las cosas en este sentido). Hizo la tarea mayormente solo, y mayormente sin quejas ni comentarios. Quiso ir todos los días al colegio, todos-todos, aunque tenía una posibilidad que no había tenido nunca, la de faltar porque sí, porque ahora mi mamá lo podía cuidar a la tarde. En un momento llegué a preocuparme un poco, porque se negó a faltar para ir al cine con su abuela, a ver una película que solo pasaban en horario escolar, y a faltar el día del cumple del hermano, aunque sí aceptó la idea de salir antes, a la hora de la fiesta. Por suerte, cuando llegó octubre y el festejo del Día de la Familia en el jardín de Vito, Genaro, ya cambiado con su uniforme, a último momento dijo "Bueno, no, mejor sí quiero ir al jardín con Vito". Se cambió de nuevo, y allá fue, a jugar toda la tarde con su papá y su hermano. Fue una tranquilidad para mí, ver que podía seguir priorizando lo más importante, y que se pudiera dar cuenta que nada iba a cambiar por faltar un día al colegio. Ahora, en época de colonia, todos los días le pregunto "¿Querés quedarte en casa hoy?" cuando le cuesta levantarse. "No, prefiero ir a la colonia", dice, y amanece con una sonrisa, a armarse la mochila.
5. Su relación conmigo. Mucha gente me dice, y yo coincido, que Genaro es muy parecido a mí en su personalidad (con excepciones, claro; véase el punto 2 de este post). Eso no necesariamente significa que nos tenemos que llevar bien, pero de alguna manera, funcionamos armónicamente como madre e hijo. Tenemos un pacto donde él hace cosas por mí, y por él mismo, como lavar su ropa, y yo hago cosas por él, como comprarle Los Sims para jugar juntos, o llevarlo adonde me pida. Todas las noches leemos en su cama, un párrafo cada uno, y ese es uno de mis momentos preferidos del día. Ahora, en verano, a mí me cuesta muchísimo el contacto físico, porque el calor me anula, y él lo entiende perfectamente, evitando tocarme los días de calor, cosa que me genera una enorme culpa, sí, pero también un gran agradecimiento.
Genaro es lo máximo, es un placer ser su mamá y estar con él todos los días. Amo verlo crecer, aprender cosas que yo no le enseño ni le podría enseñar, perseverar, y conocerse aún más. Esta lista podría tener 50 items en vez de 5, pero vamos por partes.
Mañana, la edición de Victorio.
jueves, 22 de septiembre de 2016
Al día de hoy
Siempre lo mismo. Siempre que vuelvo, vuelvo en vacaciones. Es como que realmente necesito estar desenchufada de todo lo laboral como para poder empezar a pensar en lo demás.
En fin. Este 2016 no debería ser un año que quede en el olvido. Pero lo más probable es que si no escribo nada, va a terminar así. Porque no está pasando nada wow de bueno, salvo el nacimiento de Manuel, mi sobrino posta-posta. Pero si no es por eso, va a ser recordado como el año en que se murió mi abuelo, o el que casi se muere mi suegra, y no es justo para el 2016 pasar a la historia solo como eso.
Porque también fue el año donde Genaro aprendió a leer, y ahora es él el encargado del cuento de la noche; el año donde Geno y Vitto aprendieron a encontrar puntos en común, a negociar qué ver en Netflix, a engancharse con los juegos del otro. El año donde llegó el Mago, nuestro gato, y así sumamos al último bebé que tendremos jamás. El año donde Vitto fue al mismo colegio que yo, cosa que si bien fue muy cómoda y no generó ningún problema real y tangible, es una experiencia que ya se termina, porque no me cierra del todo. El año de soñar todo el tiempo con Geno en primer grado, y con la decisión firme y aterrorizada de no trabajar a la mañana el año que viene. Dividir mi sueldo y multiplicar el tiempo en casa con los chicos. Pánico y entusiasmo al mismo tiempo.
En el 2016 gané confianza como profesora de Literature en secundaria, estoy haciendo un postítulo que reafirma mi eterno amor-odio con el estudio, tuve 6to grado por primera vez y me encantó. Se casó mi queridísima amiga de la facultad, y me encantó verla tan radiante. Ahora en octubre se casa otra, y a la felicidad por ella se le suma la felicidad por mí, porque el casamiento es en Córdoba y vamos a ir con Javi, los dos solos.
Además de esas amigas de eventos especiales, siguen estando las otras, las de siempre, y me hace tan feliz mantenerlas ya todas firmemente instaladas en esto de adultecer. Acompañarnos en los mejores y peores momentos de la maternidad, el matrimonio, los problemas diarios. Saber que están, que estamos, no solo para la foto del cumpleaños sino cualquier martes a la tarde o sábado a la noche. Ver a nuestros hijos jugar juntos y a nuestros maridos que también son amigos y esperar que no se corte nunca más.
Este año viene siendo una suma de días chiquitos, ordinarios y felices. Tenemos un equipo de música en el living y corrimos los sillones para que nos quede una mini pista de baile permanente; eso y Spotify han traído la música de vuelta a mi vida, y me di cuenta de cuánto la extrañaba. Escucho una mezcla de la música que escuchaba antes (la carpeta "2000s" es la que más temas tiene) con la música que escuchan mis alumnas de 12 años. Y yo aún, aunque me dé vergüenza admitirlo, me siento más de 12 que de 31 cuando bailo y canto.
2016 también debería ser recordado por la obsesión por Pokemon de Genaro, reforzada por Pokemon Go (otro punto de contacto con mis alumnos) y la lluvia de merchandising que apareció a partir de eso. También nos acompañó bastante Peppa Pig y la Pachuca Paína, o Patrulla Canina, los fetiches de Vitto.
Entiendo que a mi relato le falta coherencia, ambición, anécdotas memorables, pero eso escasea. Y no por eso vamos a menospreciar la maravilla que es ser felices con tan poco, saber que nos pueden faltar mil cosas materiales pero que estamos tan rodeados de amor, ya sea en esta casa como en la de tanta otra gente que nos quiere, que nos estaríamos quejando de llenos. Geno, Vitto, Javi y yo. Esta casa. Estas dos familias de origen. Estos amigos. Esta vida. Me alcanza.
En fin. Este 2016 no debería ser un año que quede en el olvido. Pero lo más probable es que si no escribo nada, va a terminar así. Porque no está pasando nada wow de bueno, salvo el nacimiento de Manuel, mi sobrino posta-posta. Pero si no es por eso, va a ser recordado como el año en que se murió mi abuelo, o el que casi se muere mi suegra, y no es justo para el 2016 pasar a la historia solo como eso.
Porque también fue el año donde Genaro aprendió a leer, y ahora es él el encargado del cuento de la noche; el año donde Geno y Vitto aprendieron a encontrar puntos en común, a negociar qué ver en Netflix, a engancharse con los juegos del otro. El año donde llegó el Mago, nuestro gato, y así sumamos al último bebé que tendremos jamás. El año donde Vitto fue al mismo colegio que yo, cosa que si bien fue muy cómoda y no generó ningún problema real y tangible, es una experiencia que ya se termina, porque no me cierra del todo. El año de soñar todo el tiempo con Geno en primer grado, y con la decisión firme y aterrorizada de no trabajar a la mañana el año que viene. Dividir mi sueldo y multiplicar el tiempo en casa con los chicos. Pánico y entusiasmo al mismo tiempo.
En el 2016 gané confianza como profesora de Literature en secundaria, estoy haciendo un postítulo que reafirma mi eterno amor-odio con el estudio, tuve 6to grado por primera vez y me encantó. Se casó mi queridísima amiga de la facultad, y me encantó verla tan radiante. Ahora en octubre se casa otra, y a la felicidad por ella se le suma la felicidad por mí, porque el casamiento es en Córdoba y vamos a ir con Javi, los dos solos.
Además de esas amigas de eventos especiales, siguen estando las otras, las de siempre, y me hace tan feliz mantenerlas ya todas firmemente instaladas en esto de adultecer. Acompañarnos en los mejores y peores momentos de la maternidad, el matrimonio, los problemas diarios. Saber que están, que estamos, no solo para la foto del cumpleaños sino cualquier martes a la tarde o sábado a la noche. Ver a nuestros hijos jugar juntos y a nuestros maridos que también son amigos y esperar que no se corte nunca más.
Este año viene siendo una suma de días chiquitos, ordinarios y felices. Tenemos un equipo de música en el living y corrimos los sillones para que nos quede una mini pista de baile permanente; eso y Spotify han traído la música de vuelta a mi vida, y me di cuenta de cuánto la extrañaba. Escucho una mezcla de la música que escuchaba antes (la carpeta "2000s" es la que más temas tiene) con la música que escuchan mis alumnas de 12 años. Y yo aún, aunque me dé vergüenza admitirlo, me siento más de 12 que de 31 cuando bailo y canto.
2016 también debería ser recordado por la obsesión por Pokemon de Genaro, reforzada por Pokemon Go (otro punto de contacto con mis alumnos) y la lluvia de merchandising que apareció a partir de eso. También nos acompañó bastante Peppa Pig y la Pachuca Paína, o Patrulla Canina, los fetiches de Vitto.
Entiendo que a mi relato le falta coherencia, ambición, anécdotas memorables, pero eso escasea. Y no por eso vamos a menospreciar la maravilla que es ser felices con tan poco, saber que nos pueden faltar mil cosas materiales pero que estamos tan rodeados de amor, ya sea en esta casa como en la de tanta otra gente que nos quiere, que nos estaríamos quejando de llenos. Geno, Vitto, Javi y yo. Esta casa. Estas dos familias de origen. Estos amigos. Esta vida. Me alcanza.
martes, 10 de febrero de 2015
2015
Ya volví un poquito, pero mañna vuelvo a trabajar full time.
Último día de mates a media mañana disfrutando del silencio de casa mientras Vitto duerme su siesta.
Por un lado, como siempre, me entusiasma volver. Arrancar un año nuevo, con alumnos por conocer, aulas por decorar, unidades por planificar, me resulta súper motivante. La alarma que me despierta bastante más temprano que mis hijos, por otro lado, no.
Fue un verano largo, como todos, donde los chicos empezaron a disfrutar de las vacaciones como se supone que tienen que hacer. Ver a Vitto tirándose a la pileta sin ningún indicio de miedo me da una mezcla de pánico y orgullo; buscar a Geno en su colonia y escucharlo contar sus (escuetas) historias del día me divierte y emociona. La playa fue un hit para los dos. La casa, ahora el doble de grande, los está encontrando más grandes, más compañeros de juegos, más peleadores como todos los hermanos.
Atravesar la obra fue durísimo, pero lo logramos (o ya casi), y nuestra recompensa es vivir en esta casa todos los días. Sólo espero que Genaro y yo no dejemos nunca de llamarla 'casita'.
El año que empieza va a ser muy distinto al que se fue. Ya no voy a estar en dos colegios, si no que me quedo todo el día en uno, oficiando de bibliotecaria a la tarde. Nuevos desafíos, sí, pero cuando esos desafíos tienen que ver con leer muchos libros, está todo bien.
Mi mamá se va a llevar la peor parte en cuanto a logística, una vez más, y espero tener eso bien presente todo el tiempo y saber agradecerlo y valorarlo como se merece.
Pero lo que más me entusiasma del año que empieza son las 5PM. A esa hora vamos a poder estar los 4 en casa todos los días, disponiendo de nuestro tiempo, invitando gente o saliendo a visitarla, sin pensar en profesorados ni finales ni obreros ni noticieros de la noche.
El 2015 va a ser un año para sentarnos a mirar cuánto hemos logrado en estos primeros 7 años de pareja. En algunos aspectos fue muchísimo, y en otros aún falta, pero seguimos juntos y mirando para el mismo lado. Y ahora queremos aflojar el ritmo, seguir construyendo nuestro hogar y fortaleciendo nuestra familia, cocinar más sano, jugar en el piso, poner música y bailar en el living, ver a nuestros hijos crecer a ritmos alarmantes, e ir cosechando a medida que sembramos.
Último día de mates a media mañana disfrutando del silencio de casa mientras Vitto duerme su siesta.
Por un lado, como siempre, me entusiasma volver. Arrancar un año nuevo, con alumnos por conocer, aulas por decorar, unidades por planificar, me resulta súper motivante. La alarma que me despierta bastante más temprano que mis hijos, por otro lado, no.
Fue un verano largo, como todos, donde los chicos empezaron a disfrutar de las vacaciones como se supone que tienen que hacer. Ver a Vitto tirándose a la pileta sin ningún indicio de miedo me da una mezcla de pánico y orgullo; buscar a Geno en su colonia y escucharlo contar sus (escuetas) historias del día me divierte y emociona. La playa fue un hit para los dos. La casa, ahora el doble de grande, los está encontrando más grandes, más compañeros de juegos, más peleadores como todos los hermanos.
Atravesar la obra fue durísimo, pero lo logramos (o ya casi), y nuestra recompensa es vivir en esta casa todos los días. Sólo espero que Genaro y yo no dejemos nunca de llamarla 'casita'.
El año que empieza va a ser muy distinto al que se fue. Ya no voy a estar en dos colegios, si no que me quedo todo el día en uno, oficiando de bibliotecaria a la tarde. Nuevos desafíos, sí, pero cuando esos desafíos tienen que ver con leer muchos libros, está todo bien.
Mi mamá se va a llevar la peor parte en cuanto a logística, una vez más, y espero tener eso bien presente todo el tiempo y saber agradecerlo y valorarlo como se merece.
Pero lo que más me entusiasma del año que empieza son las 5PM. A esa hora vamos a poder estar los 4 en casa todos los días, disponiendo de nuestro tiempo, invitando gente o saliendo a visitarla, sin pensar en profesorados ni finales ni obreros ni noticieros de la noche.
El 2015 va a ser un año para sentarnos a mirar cuánto hemos logrado en estos primeros 7 años de pareja. En algunos aspectos fue muchísimo, y en otros aún falta, pero seguimos juntos y mirando para el mismo lado. Y ahora queremos aflojar el ritmo, seguir construyendo nuestro hogar y fortaleciendo nuestra familia, cocinar más sano, jugar en el piso, poner música y bailar en el living, ver a nuestros hijos crecer a ritmos alarmantes, e ir cosechando a medida que sembramos.
sábado, 17 de enero de 2015
Cosas que dicen
Arranco con las dos cosas que más gracia me causaron de Geno estos últimos días:
Situación 1: Como ya conté, Genaro tiene una personalidad mucho más tranquila y pasiva que la de Vitto, quien, sencillamente, no para, y ama perseguir a su hermano. Hace unos días, Geno estaba acostado en mi cama mirando tele, y Vitto fue y le apagó la zapatilla, apagándole todo. Geno refunfuñó un poco, pero la prendió, y yo no me metí. Al rato, Vitto volvió a hacerlo. Escuché el grito de Geno, pero me contuve de ir a retar al bebé, porque quiero que el hermano mayor empiece a ponerle límites. Y qué suerte que no fui, porque lo que pasó a continuación me dejó riéndome toda la tarde: Genaro se paró en la cama, se puso en pose Wonder Woman, y le gritó: "AHORA SÍ QUE ME PONISTE ENFADADO!" Vivo en una novela mexicana y mal conjugada...
Situación 2: Caminábamos por la calle una noche, cuando pasamos por una casa de tatuajes. Le pregunté a Javi qué se tatuaría, sabiendo que ninguno de los dos somos partidarios de las marcas permanentes en la piel. Después le preguntamos a Geno, que nos preguntó qué era eso exactamente. Le explicamos que era como un dibujo que te quedaba para siempre, y se puso a pensar su respuesta. Después de un rato dijo "Ya sé! Me haría una barbita acá" (señalando su pera). Javi y yo nos reímos porque nos pareció una respuesta fantástica, y por un segundo nos miramos como preguntándonos ¿se lo hacemos? Pero no, no se asusten, a tanto no llega mi locura.
Por otro lado, Vitto sigue con su limitadísimo repertorio. Su marca registrada es su "Hola!", su primera palabra que le abre miles de puertas, porque le sirve para llamar la atención de todos los que erróneamente creen que están entablando una larga conversación. Pues no, después del "Hola!" inicial, solo recibirán 43 "Hola!"s más. También dice Mamá / más más, y ahora le está dando duro a Papá. Pero lo genial es que la 4ta palabra que aprendió es Hugo. No, no hay nadie en nuestra familia que se llame así, ni ningún personaje animado, ya que recordemos que Vitto en incapaz de fijar su atención en la tele. Hugo es el señor que lleva adelante la obra en casa, el señor con el que prácticamente convivimos desde que terminaron las clases y abrieron la arcada que conecta la cocina con la parte nueva. Lo tiene loco al pobre Hugo, arranca con "Hola!" y lo persigue por todos lados.
Es loco pensar que alguien que no va a significar absolutamente nada en su vida haya sido el merecedor de ser el primer nombre que aprende a decir, ¿no?
Situación 1: Como ya conté, Genaro tiene una personalidad mucho más tranquila y pasiva que la de Vitto, quien, sencillamente, no para, y ama perseguir a su hermano. Hace unos días, Geno estaba acostado en mi cama mirando tele, y Vitto fue y le apagó la zapatilla, apagándole todo. Geno refunfuñó un poco, pero la prendió, y yo no me metí. Al rato, Vitto volvió a hacerlo. Escuché el grito de Geno, pero me contuve de ir a retar al bebé, porque quiero que el hermano mayor empiece a ponerle límites. Y qué suerte que no fui, porque lo que pasó a continuación me dejó riéndome toda la tarde: Genaro se paró en la cama, se puso en pose Wonder Woman, y le gritó: "AHORA SÍ QUE ME PONISTE ENFADADO!" Vivo en una novela mexicana y mal conjugada...
Situación 2: Caminábamos por la calle una noche, cuando pasamos por una casa de tatuajes. Le pregunté a Javi qué se tatuaría, sabiendo que ninguno de los dos somos partidarios de las marcas permanentes en la piel. Después le preguntamos a Geno, que nos preguntó qué era eso exactamente. Le explicamos que era como un dibujo que te quedaba para siempre, y se puso a pensar su respuesta. Después de un rato dijo "Ya sé! Me haría una barbita acá" (señalando su pera). Javi y yo nos reímos porque nos pareció una respuesta fantástica, y por un segundo nos miramos como preguntándonos ¿se lo hacemos? Pero no, no se asusten, a tanto no llega mi locura.
Por otro lado, Vitto sigue con su limitadísimo repertorio. Su marca registrada es su "Hola!", su primera palabra que le abre miles de puertas, porque le sirve para llamar la atención de todos los que erróneamente creen que están entablando una larga conversación. Pues no, después del "Hola!" inicial, solo recibirán 43 "Hola!"s más. También dice Mamá / más más, y ahora le está dando duro a Papá. Pero lo genial es que la 4ta palabra que aprendió es Hugo. No, no hay nadie en nuestra familia que se llame así, ni ningún personaje animado, ya que recordemos que Vitto en incapaz de fijar su atención en la tele. Hugo es el señor que lleva adelante la obra en casa, el señor con el que prácticamente convivimos desde que terminaron las clases y abrieron la arcada que conecta la cocina con la parte nueva. Lo tiene loco al pobre Hugo, arranca con "Hola!" y lo persigue por todos lados.
Es loco pensar que alguien que no va a significar absolutamente nada en su vida haya sido el merecedor de ser el primer nombre que aprende a decir, ¿no?
sábado, 10 de enero de 2015
Pronósticos
Todos los días me sigo sorprendiendo de lo distintos que son mis hijos. Especialmente ahora, que los tengo todos para mí, solo para mí (y a veces siento que eso es demasiado, pero ese es otro tema).
Una vez, hablando con Javi, me di cuenta de que puedo imaginar a mis hijos de grandes, y los veo como a dos personas que conozco.
Así que juguemos a la sobre etiquetación de las criaturas (lo que te enseñan a no hacer en el capítulo 1 del manual del buen padre/docente), y aseguremos que...
Genaro va a estar hiperconectado a cuanta red social y juego en red que pueda. Va a ahorrar para comprarse la última tecnología en consolas y computadoras, va a preferir su cuarto con sus cosas a cualquier lugar en el mundo. Va a ser amante de la comida chatarra, pero sus ganas de hacer algún deporte ocasional lo van a salvar del sobrepeso. Se va a enamorar de una chica y le va a ser fiel hasta el fin de los tiempos. Va a tener un talento o hobbie especial que no lo va a hacer ni rico ni famoso, pero va a ser algo que lleve con él siempre, su gran as bajo la manga. Va a estudiar algo relacionado con la tecnología o sus intereses, pero después se va a quedar con algún trabajo que no le demande demasiado tiempo y donde se sienta cómodo.
Victorio jamás va a tener Facebook, o lo que sea que exista en ese momento. No va a tener idea de qué pasa en la tele, pero cada tanto va a ir al cine a ver películas no taquilleras. No va a gastar en ropa ni en zapatos; cada centavo que ahorre va a ser destinado a seguir viajando. Se va a considerar a sí mismo 'ciudadano del mundo'. Va a estar con muchas chicas, se va a enamorar de una centroamericana con la que va a tener un hijo, pero después no va a funcionar, y es así como voy a terminar teniendo un nieto Hondureño o Panameño al que voy a ver por skype o su equivalente del futuro. No va hacer deportes, pero su medio de transporte oficial será su bicicleta. Va a ser vegano o algo más raro todavía, pero cuando vuelva a casa no va a poder resistirse al asado. Lo imagino con rastas, y la guitarra colgando todo el tiempo. Va a estudiar filosofía, psicología y astrología, todo al mismo tiempo y a los tumbos, y no va a terminar nada. Se va a unir a alguna comunidad hippie de auto-sustento o se va a juntar con alguna artesana que lo acompañe en sus viajes para vivir de la música y lo que vendan en las ferias.
Así de distintos los veo. Y también los veo viniendo a casa en Nochebuena; uno con rastas, otro con camisa, tratando de contagiarle su pasión al otro y fracasando estrepitosamente, pero abrazados, queriéndose, sintiendo todavía ese vínculo mágico e invisible que los une hoy. Pintan ser tan diferentes, pero espero que en lo de adentro, en lo importante, sigan siendo siempre iguales.
martes, 30 de diciembre de 2014
Eterno
Con las vacaciones llega el respiro, el tiempo libre, y con él, indefectiblemente, la necesidad de escribir.
En este caso, pasa principalmente por el deseo de dejar escrito algo de todo lo que pasó en estos meses, especialmente en la vida de Vitto. Hace mucho que me rondaba la idea de escribir un post con todas las diferencias que noto entre mis dos hijos, pero con horror descubría que no estaba tan segura de que fuesen ciertas. Verán, mi memoria es excelente para algunas cosas puntuales, pero me cuesta mucho retener ideas generales como cómo eran, qué hacían, o qué decían las personas en cierto momento. Vale también para mí misma, y en ese sentido me ayuda mucho tener blogs, que cada tanto releo en su calidad de diarios íntimos.
En fin, la última entrada fue el 6 de julio. Hacía frío. Extraño el frío. Cuánto me cuesta el calor!
Todavía no habíamos empezado la obra. Está casi terminada ya, y todavía no me hago a la idea de que en unas semanas, mi casa va a tener casi el doble de metros cuadrados que ahora. Dejo constancia acá; todo esto fue posible gracias a la disponibilidad física, mental y emocional de Javi. Él se puso al hombro el proyecto desde el comienzo; lidió con cosas que ni sabía que existían, puso mucho de su tiempo y su energía en esto, y logró que todo saliera bien sin dejar nada de lado. Si, como digo yo, él solo puso la semillita y yo hice el resto del trabajo para que nacieran nuestros hijos, con la casa fue lo contrario. Apenas aporté mi firma al final del documento del crédito, y él se encargó de todo lo demás. Lo que le va a doler el parto, pobrecito.
Hacía poco que sabíamos del embarazo de T. Otro bebito cerca, uno que no se queda a dormir en casa ni pretende que yo le dé la teta. Uno para malcriar nomás, qué alivio. No sé qué clase de tíamiga seré para Salvador, uno nunca puede imaginar las vueltas de la vida, pero anhelo estar tan presente para él como T y su marido están para mis hijos. La miro y no puedo creer verla así de embarazada. Es inexplicable. Y como estoy metida muy de lleno en Grey's Anatomy, no puedo evitar decirlo; she's my person. Lo terminé de descubrir en los 3 días que estuvimos 'peleadas', y apenas si nos hablábamos en el trabajo. Y Salvi va a cambiar mucho todo, y su mudanza también, seguramente, pero si algo sé, es que no quiero nunca dejar de tenerla en mi vida.
Yo todavía no había rendido el final de julio, pero estaba cerca de las vacaciones de invierno, que fueron un gran alivio en el mega stress que fue este año. I'm done with teacher training college, at least for now. I mean it. Un año sabático de estudiar, si es que apruebo el último final, en febrero. Ver el 2 (DOS) en la libreta cuando intenté rendir libre Written Expression III libre fue un golpe que me desestabilizó tal como siempre imaginé que iba a pasar. Ponerme un dos A MÍ, habrase visto. A los cinco días rendí dos materias libres en el mismo día, solo para demostrarme a mí misma que no soy tan loser. Pero no me alcanzó, ni le hizo sombra al dos, que todavía me persigue, como verán.Volveré en febrero, con más miedo que antes, but whatcha gonna do.
Y dejando lo más importante para el final... los chicos.
Hoy es un gran día para escribir sobre ellos, porque tuve momentos a solas con cada uno, y algunos con los dos. Así que voy a limitarme a hablar sobre hoy, que será suficiente muestra, creo, para sacar una foto de este instante de nuestra vida:
A la mañana estuvimos los tres juntos. Genaro, el autosuficiente, desayunó un yoghurt mientras miraba algo en Netflix en mi compu, dejándonos a Vitto y a mí dormir un rato más. Cuando por fin nos levantamos, empezó el caos. Alguna vez vieron este poster?
En este caso, pasa principalmente por el deseo de dejar escrito algo de todo lo que pasó en estos meses, especialmente en la vida de Vitto. Hace mucho que me rondaba la idea de escribir un post con todas las diferencias que noto entre mis dos hijos, pero con horror descubría que no estaba tan segura de que fuesen ciertas. Verán, mi memoria es excelente para algunas cosas puntuales, pero me cuesta mucho retener ideas generales como cómo eran, qué hacían, o qué decían las personas en cierto momento. Vale también para mí misma, y en ese sentido me ayuda mucho tener blogs, que cada tanto releo en su calidad de diarios íntimos.
En fin, la última entrada fue el 6 de julio. Hacía frío. Extraño el frío. Cuánto me cuesta el calor!
Todavía no habíamos empezado la obra. Está casi terminada ya, y todavía no me hago a la idea de que en unas semanas, mi casa va a tener casi el doble de metros cuadrados que ahora. Dejo constancia acá; todo esto fue posible gracias a la disponibilidad física, mental y emocional de Javi. Él se puso al hombro el proyecto desde el comienzo; lidió con cosas que ni sabía que existían, puso mucho de su tiempo y su energía en esto, y logró que todo saliera bien sin dejar nada de lado. Si, como digo yo, él solo puso la semillita y yo hice el resto del trabajo para que nacieran nuestros hijos, con la casa fue lo contrario. Apenas aporté mi firma al final del documento del crédito, y él se encargó de todo lo demás. Lo que le va a doler el parto, pobrecito.
Hacía poco que sabíamos del embarazo de T. Otro bebito cerca, uno que no se queda a dormir en casa ni pretende que yo le dé la teta. Uno para malcriar nomás, qué alivio. No sé qué clase de tíamiga seré para Salvador, uno nunca puede imaginar las vueltas de la vida, pero anhelo estar tan presente para él como T y su marido están para mis hijos. La miro y no puedo creer verla así de embarazada. Es inexplicable. Y como estoy metida muy de lleno en Grey's Anatomy, no puedo evitar decirlo; she's my person. Lo terminé de descubrir en los 3 días que estuvimos 'peleadas', y apenas si nos hablábamos en el trabajo. Y Salvi va a cambiar mucho todo, y su mudanza también, seguramente, pero si algo sé, es que no quiero nunca dejar de tenerla en mi vida.
Yo todavía no había rendido el final de julio, pero estaba cerca de las vacaciones de invierno, que fueron un gran alivio en el mega stress que fue este año. I'm done with teacher training college, at least for now. I mean it. Un año sabático de estudiar, si es que apruebo el último final, en febrero. Ver el 2 (DOS) en la libreta cuando intenté rendir libre Written Expression III libre fue un golpe que me desestabilizó tal como siempre imaginé que iba a pasar. Ponerme un dos A MÍ, habrase visto. A los cinco días rendí dos materias libres en el mismo día, solo para demostrarme a mí misma que no soy tan loser. Pero no me alcanzó, ni le hizo sombra al dos, que todavía me persigue, como verán.Volveré en febrero, con más miedo que antes, but whatcha gonna do.
Y dejando lo más importante para el final... los chicos.
Hoy es un gran día para escribir sobre ellos, porque tuve momentos a solas con cada uno, y algunos con los dos. Así que voy a limitarme a hablar sobre hoy, que será suficiente muestra, creo, para sacar una foto de este instante de nuestra vida:
A la mañana estuvimos los tres juntos. Genaro, el autosuficiente, desayunó un yoghurt mientras miraba algo en Netflix en mi compu, dejándonos a Vitto y a mí dormir un rato más. Cuando por fin nos levantamos, empezó el caos. Alguna vez vieron este poster?
Bueno, parece que Vitto le cambió 'woman' por 'kid' y se lo tomó más que a pecho. Es imparable. Realmente no hay descanso si él está despierto. Por eso sospecho que su hermano disfruta tanto sus minutos a solas con la compu.
En fin, en un momento yo estaba en el baño y Geno jugando con algo, y escuché el ya famoso "No, Vitto, no toques, pará, salí!", seguido de algo muy inusual: el llanto de Vitto. Lo llamé a Geno y le pregunté qué había pasado. "Es que él me estaba molestando y entonces lo saqué." "¿Le pegaste?" "No". ¿Y saben qué hice? Lo felicité. Porque contra todo pronóstico, es siempre Genaro el que termina llorando, sin juguete, o con algo roto. Y si no soy yo, alguien va a tener que empezar a frenar a este pibito. "Muy bien Geno. Jamás le pegues, porque acá nadie le pega a nadie, pero cuando te molesta, lo sacás. Suave, pero firmemente". Veremos si funciona.
Después Vitto se durmió, y yo me pude bañar. Con Geno jugamos a los autos y a armar monstruitos dibujándoles el cuerpo y agregando googly eyes. Él está en una etapa que mi hermana me explicó se llama realismo frustrado. Él sabe exactamente qué quiere dibujar, y ya puede darse cuenta de que lo que está en el papel no se parece ni un poco a eso, y... se frustra. Llora, se enoja, rompe el papel. Yo no llego a hacer tanto berrinche pero la realidad es que jamás superé esa etapa...
A la tarde, Vitto y yo llevamos a Genaro a la colonia, adonde pasa 3 horas y pico. La idea era que fuera solo cuando tuviese ganas, porque la verdad es que perfectamente se podría quedar acá.... pero siempre tiene ganas de ver a sus "amigos nuevos", de meterse a la pileta enorme del club, y de salir un poco de casa, ya que el tener a los obreros todavía hace que, por un lado, tengamos que pasar tiempo acá, y por el otro, no podamos ni salir al patio.
Cuando volvimos, fue el momento de Vitto. Lo veo tan grande ya, tan lindo con sus dos paletas de arriba, 3 dientes abajo y un par de muelas, que usa el 96% del tiempo ya que es una máquina de comer. Siempre desprolijo, despeinado, desgarbado, bastante sucio pero con esa sonrisa que le ilumina la cara. T lo describió perfectamente: él es un espíritu libre. No entiende de límites, de reglas, de convenciones sociales. ¿Quién dice que no se puede mojar la salchicha en el Danonino? ¿Quién le asegura a él que la comida de gatos no es nutritiva para los sub 2? ¿Cuál es el problema de colgarse de la reja de la ventana y gritarle a los autos como barrabrava? Si vos nunca probaste las propiedades curativas de la mascarilla de cemento en la panza, ¿cómo estás tan segura de que no sirve? Y un largo etc de anécdotas. Cuando me agoté de correrlo por la casa, tratando de engancharlo con algún objeto más acorde a su edad, nos fuimos a la cama. Y ahí tuvimos una sesión de cosquillas, abrazos, besos, y luchas por dormir. Se durmió cuando él quiso, cuando dejé de intentarlo.
Después fuimos a buscar a Geno, y Vitto aprovechó para desparramar su saludo registrado: un rítmico movimiento de muñeca al grito de "Hola!", su primera y única palabra. Ah, no, cierto, que también dice MáMá, y lo escribo así porque para él, solo significa Más Más (comida).
Ahí arrancó "Geno and Mami's Day of FUN!" (Joey and Janice tienen el nombre registrado). Fuimos al Tortugas Mall a ver Grandes Héroes. Geno ya la había visto, pero como yo quería llevarlo al cine y esa era la única película disponible, me aseguró que le encantaría verla de nuevo, y por la emoción que tuvo todo el tiempo, le creo. Además, como buena mami que soy, lo llevé a los juegos carísimos que ya disfruta mucho, y al menos me di el gusto de que nos sacáramos fotos en el photo booth que hay, cosa que siempre quise hacer. También le compré, sin darle ningún indicio previo, una mochila transparente que él me había pedido cuando la vio en la casa de un amigo. Está tan acostumbrado al no, pobre, que la cara se le iluminó al ver qué estábamos comprando. Durante la película la abrazaba! Y eso me hizo convencerme más de lo bien que les vienen los NO, para valorar cada sí.
Genaro está tan enorme. Tan despierto, conectado con todo a su alrededor aunque parezca enfrascado en la tele. Tan activo también, fanático de la pileta, del basket, de cualquier cosa que le propongas, básicamente. Es un placer estar con él, hablar con él, ver el mundo a través de sus ojos, escuchar sus teorías, ser su mamá.
Volví a casa con Geno dormidísimo. Javi había cumplido su palabra de tener a Vitto comido, bañado y dormido para cuando yo llegara, y se fue a despedir el año con sus amigos. Y yo me quedé con los míos, a.k.a, Meredith Grey y compañía, porque yo cuando me obsesiono, no dejo ir.
Y cuando digo que tengo ganas de escribir en el blog, I mean it.
domingo, 6 de julio de 2014
Alerta Genaro
El viernes vivimos una situación en casa que me sigue dando vueltas hasta ahora, domingo a la noche, y seguramente seguirá en mi cabeza mucho tiempo más.
Estábamos preparándonos para salir de casa a la mañana, ritual que aún después de meses de empezadas las clases, todavía no tenemos 100% aceitado. Siempre quedó algo por hacer a las apuradas, alguien a quien le costó más arrancar, algún imprevisto a último momento. Y, a veces, estos imprevistos generan malestares que a veces desatan tempestades. Ese fue el caso del viernes.
Javi y yo, que muy rara vez discutimos en serio (casi siempre los reclamos terminan en gastada mutua y ahí quedan), estábamos se ve de mal humor, y empezamos a pelear por algo mega insignificante mechado con reclamos de la vida misma.
Seguramente conocerán la escena: familia en últimos preparativos antes de salir, padre que se mueve por toda la casa, madre con bebé a upa que lo sigue mientras discuten, hijo detrás de ellos con sus propios reclamos. Hasta que en un momento, frené un segundo de tratar de ganar la pelea y me detuve a escuchar a Geno.
No estaba tratando de hacer oír sus propios reclamos, como yo pensaba. Estaba cantando a viva voz una de las canciones que más me gustan de las que le enseñaron en el jardín, la que yo siempre le pido que cantemos juntos. Entonces, con lágrimas en los ojos, le dije "Vos estás cantando eso para que no peleemos más". Y lo miré a Javi. Y ese fue el punto de quiebre, el 'qué carajo estamos haciendo, mirá por qué nos estamos peleando, mirá a quién estamos hiriendo cuando tratamos de lastimarnos entre nosotros'.
Entonces yo me quedé a terminar la canción con Geno y Vitto mientras Javi se fue a terminar lo que estaba haciendo. Cuando nos subíamos al auto, le dije "Mirá, Geno", y le planté un besazo a Javi, diciéndole "sos malo a veces, pero te quiero tanto".
Espero que haya sido suficiente para Geno, que haya podido con eso olvidar todo el tema de la discusión. Y yo espero no olvidarlo nunca jamás, recordarlo cada vez que abra la boca para pelear delante de mis hijos.
Estábamos preparándonos para salir de casa a la mañana, ritual que aún después de meses de empezadas las clases, todavía no tenemos 100% aceitado. Siempre quedó algo por hacer a las apuradas, alguien a quien le costó más arrancar, algún imprevisto a último momento. Y, a veces, estos imprevistos generan malestares que a veces desatan tempestades. Ese fue el caso del viernes.
Javi y yo, que muy rara vez discutimos en serio (casi siempre los reclamos terminan en gastada mutua y ahí quedan), estábamos se ve de mal humor, y empezamos a pelear por algo mega insignificante mechado con reclamos de la vida misma.
Seguramente conocerán la escena: familia en últimos preparativos antes de salir, padre que se mueve por toda la casa, madre con bebé a upa que lo sigue mientras discuten, hijo detrás de ellos con sus propios reclamos. Hasta que en un momento, frené un segundo de tratar de ganar la pelea y me detuve a escuchar a Geno.
No estaba tratando de hacer oír sus propios reclamos, como yo pensaba. Estaba cantando a viva voz una de las canciones que más me gustan de las que le enseñaron en el jardín, la que yo siempre le pido que cantemos juntos. Entonces, con lágrimas en los ojos, le dije "Vos estás cantando eso para que no peleemos más". Y lo miré a Javi. Y ese fue el punto de quiebre, el 'qué carajo estamos haciendo, mirá por qué nos estamos peleando, mirá a quién estamos hiriendo cuando tratamos de lastimarnos entre nosotros'.
Entonces yo me quedé a terminar la canción con Geno y Vitto mientras Javi se fue a terminar lo que estaba haciendo. Cuando nos subíamos al auto, le dije "Mirá, Geno", y le planté un besazo a Javi, diciéndole "sos malo a veces, pero te quiero tanto".
Espero que haya sido suficiente para Geno, que haya podido con eso olvidar todo el tema de la discusión. Y yo espero no olvidarlo nunca jamás, recordarlo cada vez que abra la boca para pelear delante de mis hijos.
domingo, 30 de marzo de 2014
Momentos
Con Geno estamos pasando un muy buen momento en la relación madre/hijo. Charlamos cuando lo busco en el jardín, almuerzo con él a velocidades no recomendadas, entiende que me tengo que ir a trabajar al otro cole mientras él se queda en lo de su abuela, y a las 4:30 me recibe con una sonrisa y ganas de jugar. En casa por lo general se porta bien, y últimamente hasta "cocinamos" juntos (las comillas son por mí, no por él).
Pero claro, sigue siendo un nene de 3 años y medio, y no sería realista pretender que esta armonía se mantuviera el 100% del tiempo. La semana pasada tuvimos 2 momentos que me hicieron reflexionar sobre cosas distintas:
El primero fue en un cumple de una de mis sobrinas. Se habían juntado un montón de chicos; el más chico era Geno y los más grandes tenían más de 10 años. Jugaban a vaya a saber qué cosas, pero en paz. A mí me preocupaba que él hubiese comido poco, entonces me fui hasta la habitación donde estaban a llevarle una pizzeta. Le dio un mordiscón casi sin mirarme, y después se dio vuelta y me dijo, muy respetuosamente: "Mami, ¿ahora te podés ir por favor, que estamos jugando?" ¿Cómo no acceder a su pedido tan educado? Me fui, con el corazón roto, creyendo que mi hijito ya nunca más volvería a necesitarme, sintiendo que ya era un adolescente que se alejaba de mí. Sí, sí, ya sé.
A los pocos días llegó la confirmación de que todo eso no era así. Geno estaba con un ataque de llanto y capricho porque no le permitimos comer un yoghurt cuando faltaban 5 minutos para que la comida estuviera en la mesa. Lloraba y gritaba enérgicamente, pero en esos casos, donde los motivos para el llanto son realmente injustificados y los dos estamos seguros de lo que decimos, la política parental es "que llore". El llanto continuó, entonces, hasta que efectivamente serví la comida. Lo invitamos a venir a la mesa y él seguía tirándose en los sillones, por el piso, llorando sin parar. Inmutables, nos sentamos a comer. Hasta que de repente, Geno consiguió decir lo que no podía: "Mami, yo no sé cómo me calmo". Con su gramática dudosa, me estaba pidiendo ayuda para tranquilizarse, ya que esta vez no podía salir solo de su estado de angustia. Lo abracé, lo llevé a su cuarto y le canté la canción que le cantaba para dormirlo cuando era bebé. De a poco se fue aflojando, hasta dejar de llorar. Volvimos a la mesa y comió feliz, como siempre. Yo seguía emocionada y orgullosa, de él por haber podido pedir ayuda, y de mí por seguir siendo el lugar adonde él necesita volver para encontrar su paz.
Mi chiquito está creciendo rápido, pero todavía me queda tiempo para disfrutarlo como tal.
Pero claro, sigue siendo un nene de 3 años y medio, y no sería realista pretender que esta armonía se mantuviera el 100% del tiempo. La semana pasada tuvimos 2 momentos que me hicieron reflexionar sobre cosas distintas:
El primero fue en un cumple de una de mis sobrinas. Se habían juntado un montón de chicos; el más chico era Geno y los más grandes tenían más de 10 años. Jugaban a vaya a saber qué cosas, pero en paz. A mí me preocupaba que él hubiese comido poco, entonces me fui hasta la habitación donde estaban a llevarle una pizzeta. Le dio un mordiscón casi sin mirarme, y después se dio vuelta y me dijo, muy respetuosamente: "Mami, ¿ahora te podés ir por favor, que estamos jugando?" ¿Cómo no acceder a su pedido tan educado? Me fui, con el corazón roto, creyendo que mi hijito ya nunca más volvería a necesitarme, sintiendo que ya era un adolescente que se alejaba de mí. Sí, sí, ya sé.
A los pocos días llegó la confirmación de que todo eso no era así. Geno estaba con un ataque de llanto y capricho porque no le permitimos comer un yoghurt cuando faltaban 5 minutos para que la comida estuviera en la mesa. Lloraba y gritaba enérgicamente, pero en esos casos, donde los motivos para el llanto son realmente injustificados y los dos estamos seguros de lo que decimos, la política parental es "que llore". El llanto continuó, entonces, hasta que efectivamente serví la comida. Lo invitamos a venir a la mesa y él seguía tirándose en los sillones, por el piso, llorando sin parar. Inmutables, nos sentamos a comer. Hasta que de repente, Geno consiguió decir lo que no podía: "Mami, yo no sé cómo me calmo". Con su gramática dudosa, me estaba pidiendo ayuda para tranquilizarse, ya que esta vez no podía salir solo de su estado de angustia. Lo abracé, lo llevé a su cuarto y le canté la canción que le cantaba para dormirlo cuando era bebé. De a poco se fue aflojando, hasta dejar de llorar. Volvimos a la mesa y comió feliz, como siempre. Yo seguía emocionada y orgullosa, de él por haber podido pedir ayuda, y de mí por seguir siendo el lugar adonde él necesita volver para encontrar su paz.
Mi chiquito está creciendo rápido, pero todavía me queda tiempo para disfrutarlo como tal.
domingo, 16 de marzo de 2014
De piratas y primeros días
Sin demasiado tiempo para escribir, me permito hacer un foto post. Vitto empezó la adaptación en sala de bebés el 7 de febrero, con esta sonrisa...
Pero, los días subsiguientes fueron más complicados. Mucho sueño matutino generaba caritas como esta:
Por suerte, para cuando Geno se sumó a la rutina del jardín, el 5 de marzo, ya estábamos todos listos y adaptados...
Y hasta de tan buen humor como para hacer photobombing!
Del primer día de Geno mucho no hay para contar... solo que descubrí que mi hijo es un GRAN bailarín (se ve que cuando bailamos en casa enseguida se ceba y empieza a hacer pavadas al toque)
La semana del 5 fue cortita porque veníamos del carnaval. Geno, desde que había escuchado hablar de eso, insistía con que quería disfrazarse de Jake, el de los Piratas de Nunca Jamás. Estamos en etapa "economía de guerra", así que no quería gastar ni un peso en algo que veía pasajero, pero por otro lado no quería ignorar su pedido. Así que con un poco de imaginación y mucha ayuda de mi abuela, hicimos nuestro mejor intento:
Una chomba azul cortada al medio y con un ribete dorado pintado por mi abuela, remera blanca, jean, unas botas negras heredadas, un pedacito de tela de lentejuelas rojas como vincha, y un catalejo de rollo de papel de cocina y washi tape (ey! Usé una!), y algo salió. No sé a la vista de los adultos, pero al menos tuvimos un cliente satisfecho!
jueves, 13 de febrero de 2014
Dos ejercicios interesantes
Genaro, desde hace un tiempo, tiene acceso a mi teléfono. Una de las cosas que más me gusta de cuando me lo devuelve es ver las fotos que saca y los videos que graba. Me encanta verme a través de sus ojos; es un ángulo nuevo, distinto, desde el que no acostumbro a mirarme. El otro día encontré un video de cerca de dos minutos; lo abrí y me di cuenta de que había estado filmándome sin que yo supiera. Fue un flash. Por un lado, me vi bastante paciente y dulce, aunque firme, en mis pedidos. Pero también me dio un poco de tristeza ver hasta qué punto el hermano mayor es ignorado durante el momento del baño del bebé, que es justamente lo que filmó. Geno está invitado a ayudar con el proceso, pero no es algo que le apasione hacer. Voy a tratar de tener en mente el video en los baños sucesivos, a ver si puedo encontrar la manera de que Geno no quede tan relegado.
Por otro lado, hoy, después de jugar a que su tía era en realidad su hermana, Geno decidió que se convertiría en su padre por un rato. Me empezó a llamar "mi amor" y preguntó si podía darme besos en la boca y dormir en mi cama (!). Más allá de eso, lo interesante fue ver cómo imitaba a Javi. Dijo un par de frases que representan perfectamente al padre, siempre relacionadas con problemas de trabajo. Fue divertido y curioso, porque jamás me imaginé que pudiera tener memorizadas frases que en realidad, no deben tener demasiado sentido para él. También me llamó la atención que no hiciera comentarios sobre fútbol o deportes, que sería lo primero que usaría yo al armar un personaje de mi marido.
Este post no tiene grandes conclusiones, solo quería dejarme este recuerdo de Geno a sus 3 años y 5 meses.
Ustedes, ¿se vieron alguna vez a través de los ojos de sus hijos?
Por otro lado, hoy, después de jugar a que su tía era en realidad su hermana, Geno decidió que se convertiría en su padre por un rato. Me empezó a llamar "mi amor" y preguntó si podía darme besos en la boca y dormir en mi cama (!). Más allá de eso, lo interesante fue ver cómo imitaba a Javi. Dijo un par de frases que representan perfectamente al padre, siempre relacionadas con problemas de trabajo. Fue divertido y curioso, porque jamás me imaginé que pudiera tener memorizadas frases que en realidad, no deben tener demasiado sentido para él. También me llamó la atención que no hiciera comentarios sobre fútbol o deportes, que sería lo primero que usaría yo al armar un personaje de mi marido.
Este post no tiene grandes conclusiones, solo quería dejarme este recuerdo de Geno a sus 3 años y 5 meses.
Ustedes, ¿se vieron alguna vez a través de los ojos de sus hijos?
sábado, 1 de febrero de 2014
Mezclar colores
Querido Genaro:
Estas vacaciones, que de a poco se van terminando, han sido largas y particulares. Por primera vez ya no estuvimos solos en casa; ahora se nos sumó Victorio a quien hay que atender, divertir, cuidar y mimar mucho. Y vos fuiste tan paciente con tu hermano, tan comprensivo, tan generoso, que me hiciste estar orgullosa de vos todos los días.
No soy la mamá que siempre quise ser. Me sigue divirtiendo más estar en la compu que jugar a los autitos. Pero la ironía de todo esto es que gran parte del tiempo que paso en la compu, estoy buscando en blogs o en Pinterest ideas para hacer con vos, para jugar juntos y que crezcas feliz, mientras vos mirás la tele.
Por suerte, cada tanto la realidad me sacude y me doy cuenta de lo ridículo de la situación, y cierro la compu, apago la tele y nos ponemos a hacer cosas.
El otro gran problema que tenemos es mi inutilidad. No sé pintar, ni dibujar, ni modelar, ni coser, ni diseñar con bloques, ni nada remotamente creativo, pero bueno, a veces le pongo garra igual.
Por ejemplo el otro día, vos estabas durmiendo y de fondo había quedado Disney Junior. Empezó Art Attack y me enganché a mirarlo, y de repente me creí que yo también podría hacer la casita que estaban mostrando. Después de todo, pensé, se supone que son proyectos que pueden hacer los chicos solos.
Busqué una caja de zapatos tuya, te propuse la idea, y te encantó. Corté las puertas y ventanas, y te invité a que la pintáramos juntos. Elegiste pintarla de negro (la psicóloga que habita en mí no quiso hacer segundas lecturas para no volverme loca), y yo accedí, pero te impuse que a las puertas y ventanas las pintáramos de colores vivos para contrastar. Quedó bastante bien, pero era muy evidente de dónde había venido la idea.
Al otro día armamos el techo. Lo armé yo, en realidad, porque en cuanto quisiste pegar vos las partes y gastaste medio rollo de cinta de papel y te frustraste porque te pegoteabas todo, me enojé, te hablé mal, me arrepentí, me llené de culpa, y pegué las malditas piezas yo misma. Y de vuelta a pintar. Otra vez de negro, porque teníamos un pote enorme de ese color, y otra vez quise imponer que después le pintáramos líneas de colores vivos. Pero esta vez no me dejaste. Empezaste a agarrar todos los colores y los ibas poniendo en el platito, sin obedecer ninguna regla ni lógica, tomabas los pinceles y los metías en cualquier color e ibas pintando y la histérica en mí gritaba del horror. No había patrón, no había zonas delimitadas, era todo cualquier cosa.
Y ahí alguna otra voz me dijo "pará, loca, es una caja de zapatos y dos pedazos de cartón. Es para él, ¿por qué no lo dejás que lo haga como se le cante? En un mes, o menos, va a estar en la basura." Y me solté. Agarré mi propio pincel y empecé a copiar tu técnica. Y lo loco de todo esto es que el resultado me encantó. Me gustó mil veces más de lo que me hubiesen gustado mis torpes líneas o zonas delimitadas. Y lo mejor es que esto sí parecía obra tuya, porque lo era.
Geno, no dejes que nadie, nunca, te impida mezclar los colores. Seguí poniéndome límites, ayudame a tirar abajo mis preconceptos y mis ideas chiquitas y cuadradas, abrime la cabeza. Seguí mostrándome que mi manera de hacer las cosas no solo no es la única, sino que ni siquiera es la mejor. Seguí dándome estas lecciones de humildad inusuales y casuales. Superame en todo. Seguí encontrando tu propia manera de hacer las cosas, y te prometo que siempre te voy a apoyar, y a seguir adonde vayas.
Te ama,
Mamá.
Estas vacaciones, que de a poco se van terminando, han sido largas y particulares. Por primera vez ya no estuvimos solos en casa; ahora se nos sumó Victorio a quien hay que atender, divertir, cuidar y mimar mucho. Y vos fuiste tan paciente con tu hermano, tan comprensivo, tan generoso, que me hiciste estar orgullosa de vos todos los días.
No soy la mamá que siempre quise ser. Me sigue divirtiendo más estar en la compu que jugar a los autitos. Pero la ironía de todo esto es que gran parte del tiempo que paso en la compu, estoy buscando en blogs o en Pinterest ideas para hacer con vos, para jugar juntos y que crezcas feliz, mientras vos mirás la tele.
Por suerte, cada tanto la realidad me sacude y me doy cuenta de lo ridículo de la situación, y cierro la compu, apago la tele y nos ponemos a hacer cosas.
El otro gran problema que tenemos es mi inutilidad. No sé pintar, ni dibujar, ni modelar, ni coser, ni diseñar con bloques, ni nada remotamente creativo, pero bueno, a veces le pongo garra igual.
Por ejemplo el otro día, vos estabas durmiendo y de fondo había quedado Disney Junior. Empezó Art Attack y me enganché a mirarlo, y de repente me creí que yo también podría hacer la casita que estaban mostrando. Después de todo, pensé, se supone que son proyectos que pueden hacer los chicos solos.
Busqué una caja de zapatos tuya, te propuse la idea, y te encantó. Corté las puertas y ventanas, y te invité a que la pintáramos juntos. Elegiste pintarla de negro (la psicóloga que habita en mí no quiso hacer segundas lecturas para no volverme loca), y yo accedí, pero te impuse que a las puertas y ventanas las pintáramos de colores vivos para contrastar. Quedó bastante bien, pero era muy evidente de dónde había venido la idea.
Al otro día armamos el techo. Lo armé yo, en realidad, porque en cuanto quisiste pegar vos las partes y gastaste medio rollo de cinta de papel y te frustraste porque te pegoteabas todo, me enojé, te hablé mal, me arrepentí, me llené de culpa, y pegué las malditas piezas yo misma. Y de vuelta a pintar. Otra vez de negro, porque teníamos un pote enorme de ese color, y otra vez quise imponer que después le pintáramos líneas de colores vivos. Pero esta vez no me dejaste. Empezaste a agarrar todos los colores y los ibas poniendo en el platito, sin obedecer ninguna regla ni lógica, tomabas los pinceles y los metías en cualquier color e ibas pintando y la histérica en mí gritaba del horror. No había patrón, no había zonas delimitadas, era todo cualquier cosa.
Y ahí alguna otra voz me dijo "pará, loca, es una caja de zapatos y dos pedazos de cartón. Es para él, ¿por qué no lo dejás que lo haga como se le cante? En un mes, o menos, va a estar en la basura." Y me solté. Agarré mi propio pincel y empecé a copiar tu técnica. Y lo loco de todo esto es que el resultado me encantó. Me gustó mil veces más de lo que me hubiesen gustado mis torpes líneas o zonas delimitadas. Y lo mejor es que esto sí parecía obra tuya, porque lo era.
Geno, no dejes que nadie, nunca, te impida mezclar los colores. Seguí poniéndome límites, ayudame a tirar abajo mis preconceptos y mis ideas chiquitas y cuadradas, abrime la cabeza. Seguí mostrándome que mi manera de hacer las cosas no solo no es la única, sino que ni siquiera es la mejor. Seguí dándome estas lecciones de humildad inusuales y casuales. Superame en todo. Seguí encontrando tu propia manera de hacer las cosas, y te prometo que siempre te voy a apoyar, y a seguir adonde vayas.
Te ama,
Mamá.
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