Ya volví un poquito, pero mañna vuelvo a trabajar full time.
Último día de mates a media mañana disfrutando del silencio de casa mientras Vitto duerme su siesta.
Por un lado, como siempre, me entusiasma volver. Arrancar un año nuevo, con alumnos por conocer, aulas por decorar, unidades por planificar, me resulta súper motivante. La alarma que me despierta bastante más temprano que mis hijos, por otro lado, no.
Fue un verano largo, como todos, donde los chicos empezaron a disfrutar de las vacaciones como se supone que tienen que hacer. Ver a Vitto tirándose a la pileta sin ningún indicio de miedo me da una mezcla de pánico y orgullo; buscar a Geno en su colonia y escucharlo contar sus (escuetas) historias del día me divierte y emociona. La playa fue un hit para los dos. La casa, ahora el doble de grande, los está encontrando más grandes, más compañeros de juegos, más peleadores como todos los hermanos.
Atravesar la obra fue durísimo, pero lo logramos (o ya casi), y nuestra recompensa es vivir en esta casa todos los días. Sólo espero que Genaro y yo no dejemos nunca de llamarla 'casita'.
El año que empieza va a ser muy distinto al que se fue. Ya no voy a estar en dos colegios, si no que me quedo todo el día en uno, oficiando de bibliotecaria a la tarde. Nuevos desafíos, sí, pero cuando esos desafíos tienen que ver con leer muchos libros, está todo bien.
Mi mamá se va a llevar la peor parte en cuanto a logística, una vez más, y espero tener eso bien presente todo el tiempo y saber agradecerlo y valorarlo como se merece.
Pero lo que más me entusiasma del año que empieza son las 5PM. A esa hora vamos a poder estar los 4 en casa todos los días, disponiendo de nuestro tiempo, invitando gente o saliendo a visitarla, sin pensar en profesorados ni finales ni obreros ni noticieros de la noche.
El 2015 va a ser un año para sentarnos a mirar cuánto hemos logrado en estos primeros 7 años de pareja. En algunos aspectos fue muchísimo, y en otros aún falta, pero seguimos juntos y mirando para el mismo lado. Y ahora queremos aflojar el ritmo, seguir construyendo nuestro hogar y fortaleciendo nuestra familia, cocinar más sano, jugar en el piso, poner música y bailar en el living, ver a nuestros hijos crecer a ritmos alarmantes, e ir cosechando a medida que sembramos.
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martes, 10 de febrero de 2015
jueves, 6 de febrero de 2014
La vuelta
Abrí los ojos hoy y dos palabras me resonaron en la cabeza: ÚLTIMO DÍA.
Mañana Vitto empieza la adaptación del jardín, el miércoles ya vuelvo al cole. Hoy es mi último día de despertarme cerca de las 10, al lado de un bebé siempre sonriente y un nene que se contenta con mirar un rato de tele en mi cama mientras desayuna un yoghurt.
Último día de levantarme sin apuro, poner la pava y hacerme un té que seguramente dejaré enfriar, pero qué importa, si total después me puedo hacer otro. Último día de agenda vacía, o llena de planes placenteros, y de no decirle a nadie "apurate que llegamos tarde". En realidad, esa es una frase que no quiero decir nunca, me gustaría para este año, lograr levantarnos con el tiempo y la organización previa como para nunca sentir que tenemos que apurarnos.
Esta experiencia veraniega me hizo ver por primera vez que no estaría tan mal quedarme en casa, cuidando a mis hijos. Este año no es el indicado para eso, ya que tenemos grandes planes que requieren varios sueldos, pero al menos me sirvió para ver que esto es algo que podría querer hacer, un posible objetivo a cumplir a mediano o largo plazo.
Sé que hay formas de lograrlo, que es principalmente una cuestión de actitud. Pero para analizar los detalles, hay tiempo.
Esta vez retomo mi trabajo sin la desesperación por volver que tenía después de la licencia por maternidad de Geno, pero con el entusiasmo y las ganas propias de cualquier comienzo de clases que siente cada docente que disfruta lo que hace.
Solo espero y confío en que Victorio pueda adaptarse sin problemas y pueda beneficiarse de todas las cosas buenas que ofrece un jardín maternal. Le pido al universo que a mis hijos les toquen docentes que los quieran y los estimulen, y a cambio, como una especie de ofrenda, prometo intentar ser todos los días esa clase de docente, queriendo y estimulando siempre a los hijos de los papás que me los confían.
Jamás diría que para ser buena docente hay que ser mamá, porque sencilamente no creo eso, pero sí puedo decir, desde mi lugar, que la maternidad le aportó una perspectiva completamente nueva y enriquecedora a mi práctica docente. Ahora puedo conectarme con los padres de otra manera, y qué bien nos hace eso, y veo a los chicos de una manera más integral, que me cuesta explicar. Algo así como "este chico que tengo enfrente mío no es solo mi alumno, no es solo alguien que vino acá a que yo le enseñe algo. Es una persona que es el centro del universo de alguien, que tiene amigos y dolores y problemas y cuya vida transcurre principalmente fuera de esta clase, no adentro."
Último día. Chau vacaciones, las voy a extrañar. A partir de este momento, ya entro en modo teacher.
Mañana Vitto empieza la adaptación del jardín, el miércoles ya vuelvo al cole. Hoy es mi último día de despertarme cerca de las 10, al lado de un bebé siempre sonriente y un nene que se contenta con mirar un rato de tele en mi cama mientras desayuna un yoghurt.
Último día de levantarme sin apuro, poner la pava y hacerme un té que seguramente dejaré enfriar, pero qué importa, si total después me puedo hacer otro. Último día de agenda vacía, o llena de planes placenteros, y de no decirle a nadie "apurate que llegamos tarde". En realidad, esa es una frase que no quiero decir nunca, me gustaría para este año, lograr levantarnos con el tiempo y la organización previa como para nunca sentir que tenemos que apurarnos.
Esta experiencia veraniega me hizo ver por primera vez que no estaría tan mal quedarme en casa, cuidando a mis hijos. Este año no es el indicado para eso, ya que tenemos grandes planes que requieren varios sueldos, pero al menos me sirvió para ver que esto es algo que podría querer hacer, un posible objetivo a cumplir a mediano o largo plazo.
Sé que hay formas de lograrlo, que es principalmente una cuestión de actitud. Pero para analizar los detalles, hay tiempo.
Esta vez retomo mi trabajo sin la desesperación por volver que tenía después de la licencia por maternidad de Geno, pero con el entusiasmo y las ganas propias de cualquier comienzo de clases que siente cada docente que disfruta lo que hace.
Solo espero y confío en que Victorio pueda adaptarse sin problemas y pueda beneficiarse de todas las cosas buenas que ofrece un jardín maternal. Le pido al universo que a mis hijos les toquen docentes que los quieran y los estimulen, y a cambio, como una especie de ofrenda, prometo intentar ser todos los días esa clase de docente, queriendo y estimulando siempre a los hijos de los papás que me los confían.
Jamás diría que para ser buena docente hay que ser mamá, porque sencilamente no creo eso, pero sí puedo decir, desde mi lugar, que la maternidad le aportó una perspectiva completamente nueva y enriquecedora a mi práctica docente. Ahora puedo conectarme con los padres de otra manera, y qué bien nos hace eso, y veo a los chicos de una manera más integral, que me cuesta explicar. Algo así como "este chico que tengo enfrente mío no es solo mi alumno, no es solo alguien que vino acá a que yo le enseñe algo. Es una persona que es el centro del universo de alguien, que tiene amigos y dolores y problemas y cuya vida transcurre principalmente fuera de esta clase, no adentro."
Último día. Chau vacaciones, las voy a extrañar. A partir de este momento, ya entro en modo teacher.
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