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viernes, 26 de enero de 2018

Las fotos y yo

Una de las resoluciones de Gretchen Rubin en su "Happiness Project" es la ser "a treasure house of happy memories". Podría traducirse, en un sentido amplio, como ser la 'tesorera' de  los recuerdos felices de una familia. Siempre me gustó ocupar ese lugar; es algo que me sale naturalmente y sin esfuerzo, y que disfruto.

Más allá del típico álbum del bebé (que, a decir verdad, solo tengo de Genaro, y completado a medias!), tengo documentadas y archivadas las vidas de mis hijos en múltiples formatos. Por empezar, las fotos están organizadas en la computadora de una manera bastante obsesiva...


Además, tengo las carpetas de fotos en Facebook, mi cuenta de Instagram, los varios blogs públicos y privados, y los álbumes con fotos impresas con leyendas escritas en washi tapes. Y por si fuera poco, desde el año pasado mi agenda hace las veces de diario adolescente, porque además de las cosas necesarias para mi funcionamiento diario como persona adulta, escribo también lo que hicimos en la semana, y le pego fotos en miniatura, gracias a mis padres-sponsors que me regalaron una impresora para mi cumple. Un nivel de type A personality importante, pero es lo que me gustaba hacer a los 15, y es lo que me gusta hacer ahora.

Mando a imprimir fotos con Imagena dos o tres veces al año, en grandes cantidades (entre 50 y 100) y con esas renuevo los portarretratos del living (que serán alrededor de 30), y los de las galerías de fotos de los cuartos de los chicos. Esta última impresión, fueron ellos los que eligieron qué fotos querían tener en sus paredes, lo que me encantó. Las que sobran de la tanda, van a una caja de fotos que también está categorizada, porque no vaya a ser que se me mezcle una de Vito con alguien de la familia de su papá, con una de Javi y yo en la playa! El horror!

No sé si todo esto servirá de algo a futuro, pero por el momento, disfruto mirando los álbumes, las agendas, las carpetas y la pared del living, con muuuuucha frecuencia. Be Gretchen, dice Gretchen; Be Ana, me digo yo, y me abrazo de estas excentricidades, y las sigo haciendo con todo el orgullo y la dedicación del mundo.

miércoles, 24 de enero de 2018

La malcriada

Todos los miércoles, desde mediados del 2016 más o menos, vamos al "Club de los Miércoles". En realidad, se trata de un almuerzo en lo de mi abuela, pero mi tendencia a ponerle nombre a todo hizo que enseguida algunos de los habitués empezáramos a llamarlo así.

Antes cocinaba mi abuela; ahora es mi tío el que hace el 90%. Para varios de nosotros, la llegada del miércoles trae la promesa y la alegría, no solo del encuentro, si no de la mejor, más casera y más copada comida que comemos en la semana. Porque tanto tío como abuela, además, son grosos cocinando.

Generalmente somos entre 10 y 15, entre dueños de casa, hijos, nietos, bisnietos y novios o maridos. Durante el año, yo estoy siempre apurada porque entro a trabajar a las 3:20, pero en estos meses puedo quedarme hasta la hora que sea, ayudar a levantar la mesa, y disfrutar de una sobremesa más larga.

Básicamente, es la mejor excusa para tener una cita de media semana preprogramada y sostenida en el tiempo con mi abuela, a quien si no, solo vería los domingos. Como felicidad extra, me da la posibilidad de compartir un almuerzo en la semana con Javi, que se organiza para venir casi siempre.

Anoche la susodicha me llamó para preguntarme cómo era mi relación con los champignones. Le dije que los he tragado, pero que no me copan, y le sugerí que dejara los fideos que quería hacer hoy para cuando yo me fuera de vacaciones. Le pareció un buen plan, y zafé de los champignones. Otras veces, cuando llega la hora del postre, me dice que hay bananas, o duraznos en almíbar, y que compró "el dulce de leche tuyo". Es que la genia sabe que amo el ddl, pero solo el de La Serenísima, y solo el estilo colonial. Y en vez de mandarme a cagar como bien podría hacer una abuela a su nieta boludona y caprichosa de 33 años, ella va y compra, o manda a comprar, el dulce de leche que me gusta a mí.

Entiendo que tener abuelas a esta edad es un lujo. Pero tenerla a ella, (y a la otra, quien merece mil posts aparte), ya es tocar el cielo de las abuelas con las manos.

jueves, 22 de septiembre de 2016

Al día de hoy

Siempre lo mismo. Siempre que vuelvo, vuelvo en vacaciones. Es como que realmente necesito estar desenchufada de todo lo laboral como para poder empezar a pensar en lo demás.

En fin. Este 2016 no debería ser un año que quede en el olvido. Pero lo más probable es que si no escribo nada, va a terminar así. Porque no está pasando nada wow de bueno, salvo el nacimiento de Manuel, mi sobrino posta-posta. Pero si no es por eso, va a ser recordado como el año en que se murió mi abuelo, o el que casi se muere mi suegra, y no es justo para el 2016 pasar a la historia solo como eso.

Porque también fue el año donde Genaro aprendió a leer, y ahora es él el encargado del cuento de la noche; el año donde Geno y Vitto aprendieron a encontrar puntos en común, a negociar qué ver en Netflix, a engancharse con los juegos del otro. El año donde llegó el Mago, nuestro gato, y así sumamos al último bebé que tendremos jamás. El año donde Vitto fue al mismo colegio que yo, cosa que si bien fue muy cómoda y no generó ningún problema real y tangible, es una experiencia que ya se termina, porque no me cierra del todo. El año de soñar todo el tiempo con Geno en primer grado, y con la decisión firme y aterrorizada de no trabajar a la mañana el año que viene. Dividir mi sueldo y multiplicar el tiempo en casa con los chicos. Pánico y entusiasmo al mismo tiempo.

En el 2016 gané confianza como profesora de Literature en secundaria, estoy haciendo un postítulo que reafirma mi eterno amor-odio con el estudio, tuve 6to grado por primera vez y me encantó. Se casó mi queridísima amiga de la facultad, y me encantó verla tan radiante. Ahora en octubre se casa otra, y a la felicidad por ella se le suma la felicidad por mí, porque el casamiento es en Córdoba y vamos a ir con Javi, los dos solos.

Además de esas amigas de eventos especiales, siguen estando las otras, las de siempre, y me hace tan feliz mantenerlas ya todas firmemente instaladas en esto de adultecer. Acompañarnos en los mejores y peores momentos de la maternidad, el matrimonio, los problemas diarios. Saber que están, que estamos, no solo para la foto del cumpleaños sino cualquier martes a la tarde o sábado a la noche. Ver a nuestros hijos jugar juntos y a nuestros maridos que también son amigos y esperar que no se corte nunca más.

Este año viene siendo una suma de días chiquitos, ordinarios y felices. Tenemos un equipo de música en el living y corrimos los sillones para que nos quede una mini pista de baile permanente; eso y Spotify han traído la música de vuelta a mi vida, y me di cuenta de cuánto la extrañaba. Escucho una mezcla de la música que escuchaba antes (la carpeta "2000s" es la que más temas tiene) con la música que escuchan mis alumnas de 12 años. Y yo aún, aunque me dé vergüenza admitirlo, me siento más de 12 que de 31 cuando bailo y canto.

2016 también debería ser recordado por la obsesión por Pokemon de Genaro, reforzada por Pokemon Go (otro punto de contacto con mis alumnos) y la lluvia de merchandising que apareció a partir de eso. También nos acompañó bastante Peppa Pig y la Pachuca Paína, o Patrulla Canina, los fetiches de Vitto.

Entiendo que a mi relato le falta coherencia, ambición, anécdotas memorables, pero eso escasea. Y no por eso vamos a menospreciar la maravilla que es ser felices con tan poco, saber que nos pueden faltar mil cosas materiales pero que estamos tan rodeados de amor, ya sea en esta casa como en la de tanta otra gente que nos quiere, que nos estaríamos quejando de llenos.  Geno, Vitto, Javi y yo. Esta casa. Estas dos familias de origen.  Estos amigos. Esta vida. Me alcanza.

martes, 10 de febrero de 2015

2015

Ya volví un poquito, pero mañna vuelvo a trabajar full time.
Último día de mates a media mañana disfrutando del silencio de casa mientras Vitto duerme su siesta.

Por un lado, como siempre, me entusiasma volver. Arrancar un año nuevo, con alumnos por conocer, aulas por decorar, unidades por planificar, me resulta súper motivante. La alarma que me despierta bastante más temprano que mis hijos, por otro lado, no.

Fue un verano largo, como todos, donde los chicos empezaron a disfrutar de las vacaciones como se supone que tienen que hacer. Ver a Vitto tirándose a la pileta sin ningún indicio de miedo me da una mezcla de pánico y orgullo; buscar a Geno en su colonia y escucharlo contar sus (escuetas) historias del día me divierte y emociona. La playa fue un hit para los dos. La casa, ahora el doble de grande, los está encontrando más grandes, más compañeros de juegos, más peleadores como todos los hermanos.

Atravesar la obra fue durísimo, pero lo logramos (o ya casi), y nuestra recompensa es vivir en esta casa todos los días. Sólo espero que Genaro y yo no dejemos nunca de llamarla 'casita'.

El año que empieza va a ser muy distinto al que se fue. Ya no voy a estar en dos colegios, si no que me quedo todo el día en uno, oficiando de bibliotecaria a la tarde. Nuevos desafíos, sí, pero cuando esos desafíos tienen que ver con leer muchos libros, está todo bien.

Mi mamá se va a llevar la peor parte en cuanto a logística, una vez más, y espero tener eso bien presente todo el tiempo y saber agradecerlo y valorarlo como se merece.

Pero lo que más me entusiasma del año que empieza son las 5PM. A esa hora vamos a poder estar los 4 en casa todos los días, disponiendo de nuestro tiempo, invitando gente o saliendo a visitarla, sin pensar en profesorados ni finales ni obreros ni noticieros de la noche.

El 2015 va a ser un año para sentarnos a mirar cuánto hemos logrado en estos primeros 7 años de pareja. En algunos aspectos fue muchísimo, y en otros aún falta, pero seguimos juntos y mirando para el mismo lado. Y ahora queremos aflojar el ritmo, seguir construyendo nuestro hogar y fortaleciendo nuestra familia,  cocinar más sano, jugar en el piso, poner música y bailar en el living, ver a nuestros hijos crecer a ritmos alarmantes, e ir cosechando a medida que sembramos.

martes, 30 de diciembre de 2014

Eterno

Con las vacaciones llega el respiro, el tiempo libre, y con él, indefectiblemente, la necesidad de escribir.

En este caso, pasa principalmente por el deseo de dejar escrito algo de todo lo que pasó en estos meses, especialmente en la vida de Vitto. Hace mucho que me rondaba la idea de escribir un post con todas las diferencias que noto entre mis dos hijos, pero con horror descubría que no estaba tan segura de que fuesen ciertas. Verán, mi memoria es excelente para algunas cosas puntuales, pero me cuesta mucho retener ideas generales como cómo eran, qué hacían, o qué decían las personas en cierto momento. Vale también para mí misma, y en ese sentido me ayuda mucho tener blogs, que cada tanto releo en su calidad de diarios íntimos.

En fin, la última entrada fue el 6 de julio. Hacía frío. Extraño el frío. Cuánto me cuesta el calor!

Todavía no habíamos empezado la obra. Está casi terminada ya, y todavía no me hago a la idea de que en unas semanas, mi casa va a tener casi el doble de metros cuadrados que ahora. Dejo constancia acá; todo esto fue posible gracias a la disponibilidad física, mental y emocional de Javi. Él se puso al hombro el proyecto desde el comienzo; lidió con cosas que ni sabía que existían, puso mucho de su tiempo y su energía en esto, y logró que todo saliera bien sin dejar nada de lado. Si, como digo yo, él solo puso la semillita y yo hice el resto del trabajo para que nacieran nuestros hijos, con la casa fue lo contrario. Apenas aporté mi firma al final del documento del crédito, y él se encargó de todo lo demás. Lo que le va a doler el parto, pobrecito.

Hacía poco que sabíamos del embarazo de T. Otro bebito cerca, uno que no se queda a dormir en casa ni pretende que yo le dé la teta. Uno para malcriar nomás, qué alivio. No sé qué clase de tíamiga seré para Salvador, uno nunca puede imaginar las vueltas de la vida, pero anhelo estar tan presente para él como T y su marido están para mis hijos. La miro y no puedo creer verla así de embarazada. Es inexplicable. Y como estoy metida muy de lleno en Grey's Anatomy, no puedo evitar decirlo; she's my person. Lo terminé de descubrir en los 3 días que estuvimos 'peleadas', y apenas si nos hablábamos en el trabajo. Y Salvi va a cambiar mucho todo, y su mudanza también, seguramente, pero si algo sé, es que no quiero nunca dejar de tenerla en mi vida.

Yo todavía no había rendido el final de julio, pero estaba cerca de las vacaciones de invierno, que fueron un gran alivio en el mega stress que fue este año. I'm done with teacher training college, at least for now. I mean it. Un año sabático de estudiar, si es que apruebo el último final, en febrero. Ver el 2 (DOS) en la libreta cuando intenté rendir libre Written Expression III libre fue un golpe que me desestabilizó tal como siempre imaginé que iba a pasar. Ponerme un dos  A MÍ, habrase visto. A los cinco días rendí dos materias libres en el mismo día, solo para demostrarme a mí misma que no soy tan loser. Pero no me alcanzó, ni le hizo sombra al dos, que todavía me persigue, como verán.Volveré en febrero, con más miedo que antes, but whatcha gonna do.

Y dejando lo más importante para el final... los chicos.
Hoy es un gran día para escribir sobre ellos, porque tuve momentos a solas con cada uno, y algunos con los dos. Así que voy a limitarme a hablar sobre hoy, que será suficiente muestra, creo, para sacar una foto de este instante de nuestra vida:

A la mañana estuvimos los tres juntos. Genaro, el autosuficiente, desayunó un yoghurt mientras miraba algo en Netflix en mi compu, dejándonos a Vitto y a mí dormir un rato más. Cuando por fin nos levantamos, empezó el caos. Alguna vez vieron este poster?


Bueno, parece que Vitto le cambió 'woman' por 'kid' y se lo tomó más que a pecho. Es imparable. Realmente no hay descanso si él está despierto. Por eso sospecho que su hermano disfruta tanto sus minutos a solas con la compu. 

En fin, en un momento yo estaba en el baño y Geno jugando con algo, y escuché el ya famoso "No, Vitto, no toques, pará, salí!", seguido de algo muy inusual: el llanto de Vitto. Lo llamé a Geno y le pregunté qué había pasado. "Es que él me estaba molestando y entonces lo saqué." "¿Le pegaste?" "No". ¿Y saben qué hice? Lo felicité. Porque contra todo pronóstico, es siempre Genaro el que termina llorando, sin juguete, o con algo roto. Y si no soy yo, alguien va a tener que empezar a frenar a este pibito. "Muy bien Geno. Jamás le pegues, porque acá nadie le pega a nadie, pero cuando te molesta, lo sacás. Suave, pero firmemente". Veremos si funciona.

Después Vitto se durmió, y yo me pude bañar. Con Geno jugamos a los autos y a armar monstruitos dibujándoles el cuerpo y agregando googly eyes. Él está en una etapa que mi hermana me explicó se llama realismo frustrado. Él sabe exactamente qué quiere dibujar, y ya puede darse cuenta de que lo que está en el papel no se parece ni un poco a eso, y... se frustra. Llora, se enoja, rompe el papel. Yo no llego a hacer tanto berrinche pero la realidad es que jamás superé esa etapa...

A la tarde, Vitto y yo llevamos a Genaro a la colonia, adonde pasa 3 horas y pico. La idea era que fuera solo cuando tuviese ganas, porque la verdad es que perfectamente se podría quedar acá.... pero siempre tiene ganas de ver a sus "amigos nuevos", de meterse a la pileta enorme del club, y de salir un poco de casa, ya que el tener a los obreros todavía hace que, por un lado, tengamos que pasar tiempo acá, y por el otro, no podamos ni salir al patio. 

Cuando volvimos, fue el momento de Vitto. Lo veo tan grande ya, tan lindo con sus dos paletas de arriba, 3 dientes abajo y un par de muelas, que usa el 96% del tiempo ya que es una máquina de comer. Siempre desprolijo, despeinado, desgarbado, bastante sucio pero con esa sonrisa que le ilumina la cara. T lo describió perfectamente: él es un espíritu libre. No entiende de límites, de reglas, de convenciones sociales. ¿Quién dice que no se puede mojar la salchicha en el Danonino? ¿Quién le asegura a él que la comida de gatos no es nutritiva para los sub 2? ¿Cuál es el problema de colgarse de la reja de la ventana y gritarle a los autos como barrabrava? Si vos nunca probaste las propiedades curativas de la mascarilla de cemento en la panza, ¿cómo estás tan segura de que no sirve? Y un largo etc de anécdotas. Cuando me agoté de correrlo por la casa, tratando de engancharlo con algún objeto más acorde a su edad, nos fuimos a la cama. Y ahí tuvimos una sesión de cosquillas, abrazos, besos, y luchas por dormir. Se durmió cuando él quiso, cuando dejé de intentarlo. 

Después fuimos a buscar a Geno, y Vitto aprovechó para desparramar su saludo registrado: un rítmico movimiento de muñeca al grito de "Hola!", su primera y única palabra. Ah, no, cierto, que también dice MáMá, y lo escribo así porque para él, solo significa Más Más (comida).

Ahí arrancó "Geno and Mami's Day of FUN!" (Joey and Janice tienen el nombre registrado). Fuimos al Tortugas Mall a ver Grandes Héroes. Geno ya la había visto, pero como yo quería llevarlo al cine y esa era la única película disponible, me aseguró que le encantaría verla de nuevo, y por la emoción que tuvo todo el tiempo, le creo. Además, como buena mami que soy, lo llevé a los juegos carísimos que ya disfruta mucho, y al menos me di el gusto de que nos sacáramos fotos en el photo booth que hay, cosa que siempre quise hacer. También le compré, sin darle ningún indicio previo, una mochila transparente que él me había pedido cuando la vio en la casa de un amigo. Está tan acostumbrado al no, pobre, que la cara se le iluminó al ver qué estábamos comprando. Durante la película la abrazaba! Y eso me hizo convencerme más de lo bien que les vienen los NO, para valorar cada sí.

Genaro está tan enorme. Tan despierto, conectado con todo a su alrededor aunque parezca enfrascado en la tele. Tan activo también, fanático de la pileta, del basket, de cualquier cosa que le propongas, básicamente. Es un placer estar con él, hablar con él, ver el mundo a través de sus ojos, escuchar sus teorías, ser su mamá. 

Volví a casa con Geno dormidísimo. Javi había cumplido su palabra de tener a Vitto comido, bañado y dormido para cuando yo llegara, y se fue a despedir el año con sus amigos. Y yo me quedé con los míos, a.k.a, Meredith Grey y compañía, porque yo cuando me obsesiono, no dejo ir. 

Y cuando digo que tengo ganas de escribir en el blog, I mean it.

domingo, 16 de febrero de 2014

Un viernes casi cualquiera

Con lo fanática de todo lo yankee que soy, no es de extrañar que también me guste sumarme al festejo de San Valentín. Javi, que no tiene demasiado problema con nada, tampoco tiene problema con esto, así que todo bien.

Sin embargo, estamos tratando de cambiar nuestro modo de gastar y administrar recursos, y una cena romántica a la luz de las velas en un restaurant lindo estaba definitivamente fuera de presupuesto.

Entonces me concentré en lo que sí podíamos hacer: procuré que los chicos se durmieran razonablemente temprano, cociné una comida que nunca había hecho antes, comimos con poca luz, tomamos Campari, charlamos mucho, de cosas trascendentales de nuestra pareja y de las más absolutamente banales. Evaluamos un poco el camino recorrido, y nos fuimos a dormir felices con el balance.

Fue la noche perfecta. No faltó nada de lo importante, no tuvimos que pedirle a nadie que cuidara a los chicos, y no nos salimos de presupuesto. Tengo todas las intenciones de hacer que estas noches se den más seguido...

¿Ustedes festejaron? ¿Salieron o se quedaron? ¿Y qué hicieron con sus hijos chiquitos?

viernes, 27 de septiembre de 2013

Vitto - Semanas 4 y 5

Hoy twitteé: "Ni yo me creo lo bien que la estoy pasando en esta licencia... no sé qué voy a hacer cuando me toque volver."

Es un pensamiento recurrente estos días, tanto que me dan ganas de tener la máquina del tiempo, volver a septiembre del 2010 y ver qué carajo era lo que me angustiaba tanto en esa época, si Genaro era un bebé más difícil que Vitto, o si simplemente yo era más boluda, más estresada por pavadas, más joven e inocente o qué.

Vivir con un bebé chiquito no es complicado, siempre y cuando bajemos mucho nuestras expectativas de logro diario. Actualmente me conformo con hacer la cama, lavar los platos después de almorzar y cenar, mantener a ambos niños alimentados y semi-decentemente vestidos, tener momentos diarios exclusivos para Geno, y poco más que eso. Llegar al jardín al mediodía a tiempo es motivo de orgullo personal. Lavar la ropa de Vitto, que requiere atención especial, es una tarea avanzada que generalmente requiere la presencia del padre en la casa. Y todo así.

Entonces, con esta perspectiva de "esto-es-lo-que-puedo-hacer-y-lo-estoy-haciendo", la estoy pasando muy bien. Vitto sigue siendo un bebé tranquilo, bastante low-maintenance, y Geno se está convirtiendo en un aliado. Me ayuda, me acompaña, me da charla que comparada a los "gu-gu" esporádicos de su hermano, es un debate filosófico.

Javi vuelve de trabajar y me encanta, me alegra verlo llegar, pero no tengo la desesperación por que venga que tenía 3 años atrás. Antes era "Por fin! Hacete cargo de este bebé! Quiero vivir mi vida!" Ahora es "Por fin! Te extrañamos! No sabés todo lo que hicimos hoy, la pasamos re bien!" Siento que somos un equipo afianzado los 2; casi que los 4, ahora.

Todas las experiencias maternas, y familiares, son distintas. Escuché a varias mujeres decir que la peor transición había sido pasar de 1 hijo a 2. En mi caso, definitivamente, fue mucho más difícil pasar de ser mujer a ser mamá: este mes, comparado a ese septiembre, fue piece of cake.

Acá está él:



Y acá están ellos:



martes, 17 de septiembre de 2013

Finding my Happy

No quiero hacerme la genia ni la de la vida perfecta. Por supuesto que mi vida podría ser mejor, principalmente si yo fuese mejor. Pero la realidad es que estoy descubriendo que soy feliz, no por tener todo, sino porque lo que tengo, me alcanza.

Podría tener una casa más grande y linda, ese es mi mayor anhelo material, pero la casa que tenemos está tan llena de amor, tan atiborrada de cosas que me recuerdan todo lo que estamos construyendo con Javi como familia, que me es imposible no quererla.

Podría tener una vida más organizada, pero el caos es inherente a nosotros y aunque estoy haciendo lo posible por empezar a aceitar nuestras rutinas, la verdad es que en el fondo sé que mi casa nunca va a ser la de Marce (que conocí personalmente y desde ese día no puedo dejar de pensar en ese living comedor) y mi agenda nunca va a ser demasiado respetada. Y eso está bien, porque estoy apuntando a mi propio good enough, a ir subiendo mi standard de a poquito.

Mis hijos podrían ser más lindos, pero... ja! No, mentira, no podrían.

Mi marido podría ser más romántico o atento a los detalles, pero jamás, jamás cambiaría nada de él, por miedo a sin querer modificar alguna de las miles de cosas buenas que tiene y que amo.

Y yo, bueno, qué decir, hay muchísimo lugar para mejorar, para crecer, para tonificar, para aprender. Pero en vez de compararme con la Ana de casa perfecta que solo puede existir en mi imaginación, me comparo con otras versiones de mí misma que he conocido y a las que nunca quiero volver. Yo cambié, y sigo transformándome, esperando que sea siempre para mejor.

Paso a paso, baby steps, pero disfrutando cada centímetro del camino. Así estoy.